Thursday, April 19, 2007
Wilton Collection
1- La primera temporada de un rookie que nunca lo fue: El estreno de Randy Wilton en la liga. Las esperanzas de los 76ers de Philadelphia descansan sobre los hombros de este poderoso pívot de Georgetown que todo el mundo asimila con el legendario Wilt Chamberlain.
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2- Persiguiendo un sueño, dominando la liga: Los rivales ya respetan a Randy, que viene de ser el tercer jugador más votado para el premio MVP de la temporada anterior. Su dominio es incontestable, y se ha confirmado como uno de los grande de la liga.
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3- La oportunidad largo tiempo deseada: La lesión de Wilton el año anterior había alejado a los 76ers del título. Pasados cuarenta años del último logro, y en el aniversario número 76 de la liga, los de Philadelphia intentaran, guíados por su gran estrella, hacerse con el campeonato.
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4- A por el segundo anillo consecutivo: Tras una temporada triunfal, solo los malos movimientos en verano pueden alejar a los Sixers del back-to-back. Wilton viene de ganar su primer MVP y de ser considerado uno de los 76 grandes de la historia.
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5- Nuevo equipo, nuevos retos: Aún haber disputado la final, Wilton sabe que es el momento de dejar Philadelphia. Llega a Oklahoma City, a liderar un equipo de tradición mediocre hacia su primer anillo y consolidarse como el mejor jugador de la liga.
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6- Un mal ejemplo: Randy y los Condors vienen de ganar el campeonato, pero dejando una sensación agridulce. El flirteo con las drogas de él y unos cuantos compañeros, que les conllevaría sanción, ensucian la imagen del dominante pívot que deja de ser el jugador icónico de la liga.
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7- En tierra de nadie: Wilton está empeñado en salir de Oklahoma, y se niega a jugar por este equipo hasta que finalice su contrato. Con los Condors poco abiertos a facilitarle una salida, se antoja difícil que el bueno de Randy, ya reformado, se vista de corto en la campaña 2026-27.
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8- Tiempos felices: Después de acabar de forma titánica la anterior campaña con los Pacers, Wilton vuelve a casa para jugar por sus amados Wizards e intentar ganar el segundo anillo, cincuenta años después, venciendo antes a los bicampeones Celtics de Barson.
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9- Repetir anillo como único objetivo: Randy viene de ganar su tercer anillo y de haber visto nacer sus dos primeros hijos. Cualquiera estaría satisfecho pero él no tiene suficiente. Quiere lograr su primer back-to-back, además de intentar hacerse con su cuarto MVP.
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10- Partiendo como tapados: Marcus Lemmeis era, tres años después de llegar a la liga, la sensación del campeonato. Había ganado el MVP y el anillo, y Wilton y los Wizards eran conscientes que se había convertido en el rival a batir.
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11- A acabar con la fiebre amarilla: Una lesión en los Play-Offs había alejado a Wilton de poder jugar la final ante Lemmeis. El vigente MVP de la liga intentaría recuperarse bien para devolver a los Wizards y, de una vez por todas, vencer a los Lakers.
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12- Vuelta al lado oscuro: La fatídica derrota en el séptimo partido dejó profundamente tocado a Wilton que perdía, además de las ganas de estar con su família, a su compañero Norman. Un círculo vicioso que parecía irremediablemente alejar las opciones de título en Washington...
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13- La ilusión vuelve a Houston: Con su hermano muerto y el resto de problemas resueltos, Wilton firma su último contrato en la NBA para tratar, junto a Tommy Arison, de vencer a los Lakers en el oeste y devolver el campeonato a Houston.
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14- El penúltimo intento: Tras la frustrante eliminación en manos de los Nuggets, es un ahora o nunca para Wilton. Demasiado viejo para tirar del carro, deja la responsabilidad en manos de Arison para, esta vez sí, lograr el preciado anillo cuarenta años después del primero.
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15- Buscando el quinto anillo: Wilton es consciente que se le acerca su final en la liga. Pero antes de retirarse, quiere commemorar el histórico back-to-back de los Rockets de Olajuwon, y acabar así su carrera con una mano llena de anillos de campeón.
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Wednesday, April 18, 2007
Wilton XV
Randy había pasado el verano entero en Washington. Su padre estaba muriendo, y quería pasar en la capital, donde había transcurrido toda su vida, sus últimos días. A mediados de agostó falleció, y enterraron sus cenizas en el pequeño jardín de su casa; tal como le habían prometido.
La madre de Randy volvió a Houston con su hijo, su mujer y sus cuatro nietos. Roy y Linda, de seis años, el hijo de William, Malik, de cuatro años y el pequeño William Jr, de dos años y medio.
La enfermedad de su padre había llevado a Randy a renunciar a la selección que ganaría el mundial, con lo cual empezaría su preparación algo más tarde que su compañero Arison.
Se le acababa el contrato y, aunque no lo había comunicado oficialmente, era consciente de que aquella sería su última temporada en la liga. Intentaría ganar su quinto anillo y aumentar sus ya históricas cifras de 32.324 puntos, 18.151 rebotes y 2.735 tapones conseguidos en temporada regular a lo largo de su carrera. Además, contaba en su trayectoria con cuatro premios MVP al jugador más valioso, tres premios al mejor defensor y el galardón al mejor rookie en su primer año.
Una trayectoria para enmarcar, a la que aún podía sumar algún entero, y retirarse como uno de los mejores jugadores en la historia de la liga.El principal obstáculo en su camino sería, como venía siendo en los últimos tiempos, Marcus Lemmeis, el jugador estrella de los Lakers que había ganado cuatro de los seis últimos campeonatos. En su contra jugaba el hecho que sus compañeros de lujo habían envejecido, y el equipo angélino no le rodeaba debidamente para luchar de verdad por el campeonato.
En el otro lado, Jamal Bullock tenía la espina clavada de haber perdido otra vez, en su segundo equipo para llevar el anillo a New York. Springfield y Atlanta, entre otros, serían los rivales a batir para llegar a la final y, de una vez por todas, dar el tercer anillo a los históricos Knicks de New York.
Como el anterior, los Rockets llegaban al primer entrenamiento que dirigiría Bob Marshall con una sola baja. Devin Acklie se retiraba a los 37 años con su ansiado anillo de campeón y el joven Linay Barnes sería su sustituto. Pero Marshall, amante de los jugadores con experiencia, cedería el puesto de titular al experimentado Elo Sean Ellwey, que llevaba varios años siendo un base de lujo saliendo desde el banquillo.
Después de unos pocas prácticas se trasladarían a Wellington para disputar la Copa Mundial. Acabarían con el Toyota Reysol japonés en primera ronda, y jugarían la final contra un sorprendente Recife do Brazil que había eliminado a todo un hueso como el Racing de París. Ganarían los Rockets, que se alzaban así con su primera Copa Mundial; Arison fue el MVP.
Un título celebrado en el vestuario pero que seguía dejando frío al aficionado a la liga, que daba históricamente más importancia al campeonato de la NBA. Así pues, no podían más que lograr el back-to-back para dejar satisfechos a sus seguidores.
El tercer banderín se alzó en el techo del NASA Complex de Houston, al lado de los conseguidos en los años 1994 y 1995. Sí volvían a las andadas, los Rockets contarían en su historia con dos back-to-back's, logrados con cuarenta años de margen entre cada uno.
El debut de 40 puntos fue toda una declaración de intenciones por parte de Arison. Su condición de pívot enclenque y poco resolutivo había quedado atrás. Ahora todo el mundo le comparaba con leyendas de la talla de Karl Malone o Amaré Stoudemire, alapívots que dominaron una época a sus anchas. Había llegado su momento, en su séptima temporada en la liga, de demostrar que podía aspirar al premio MVP.Wilton le dejaba vía libre y se dedicaba a defender, buscarle espacios y asistirle. No le importaba bajar de los veinte puntos en más de una ocasión, aquella era su evolución lógica para ceder el timón a Arison y, sobre todo, para que el equipo lograra victorias.
Superaron el primer tercio de la temporada con un espectacular récord de 27-3, y con todo el mundo expectante ante una campaña que podía terminar siendo histórica. Muy lejos, Grizzlies, Lakers y Mavericks luchaban a contra corriente para alcanzarles.
Por su parte, los Knicks de Bullock dominaban la conferencia este. Y como ya estaba claro, Hawks, Legends y Pistons eran de los pocos que les disputaban su condición.
Wilton sentía más que nunca que la liga avanzara de forma tan trepidante. Disfrutaba de cada partido, de cada viaje, de cada entrevista...sabía que aquello acababa, que pondría fin a su carrera tras quince años. Y aunque odiaba dejar el deporte que más amaba, sabía que odiaría aún más seguir hasta arrastrarse por las canchas y no ver crecer a sus hijos otra temporada más; pasara lo que pasara en junio, dejaría las canchas.
El equipo fue el único de la liga que no acusó el bajón de invierno. Seguían a lo suyo, y los pocos encuentros que perdían lo hacían por un margen inferior a diez puntos. Se habían ganado el respeto de la liga entera y nadie, ni siquiera Lemmeis, daba a otro equipo como el favorito.
Precisamente Marcus y Randy acercarían posiciones días más tarde, en el partido de homenaje a Terry Norman entre leyendas de Pacers y Wizards contra leyendas de Mavericks y Lakers; los equipos en que había jugado el legendario alapívot, que jugaría una mitad con cada combinado.
Wilton y Lemmeis eran el centro de atención de la prensa y, por primera vez en público, se lanzaron piropos el uno al otro. Ambos llegaron a un consenso y es que ambos, y también Willie Barson, habían marcado profundamente la historia de la liga en los últimos quince años.
Aquel buen rollo se reflejaría días más tarde en el entrenamiento del combinado del oeste que dirigiría Bob Marshall (Houston). Lemmeis, consciente de que sería el último All-Star de Randy, pidió a sus compañeros (la mayoría de los cuales empezaban a olvidar también el odio que le tenían) que ganaran el partido y le regalaran el premio MVP a Wilton.Wilton volvería a salir de titular en el duodécimo All-Star que disputaba junto a Arison (Houston), Bentley (Dallas), Lemmeis (Los Angeles) y Keys (Golden State). Woods (Denver), Walcott (Vancouver), Kidney (Seattle), Djeric (Phoenix), Clifford (Minnesota), Pirtsmouth (Vancouver) y Rose (Portland) saldrían desde el banquillo en el transcurso del choque.
Por parte del este Jason Terry, entrenador de Atlanta, saldría con un quinteto formado por Bullock (New York), Bell (Atlanta), Haykes (Springfield), Foyle (Detroit) y Johnson (Brooklyn). Roy (Milwaukee), Jennings (Charlotte), Vrankovac (Cleveland), Banks (Toronto), Williams (Indiana), Malcom (Atlanta) y Lyndon (Washington) saldrían desde el banco.
Fue un encuentro plácido desde buen principio, con lo cual, el oeste pudo dedicarse a su estrategia de buscar a Wilton. Este se hartó de dar asistencias (10) que acompañaran su cifra de puntos (23) y rebotes (14), y convertirse así en el jugador con más triples dobles logrados en la historia del All-Star Game (un total de dos).
Springfield se rendía así por penúltima vez al legendario jugador, que se alzó con su tercer MVP del encuentro. La última, y más importante, tendría lugar años después cuando fuera nominado para el Hall of Fame.
Aquel premio había convertido la retirada de Randy en algo semi-oficial. Nadie se atrevía a pronunciarlo en voz alta, pero todo el mundo era consciente que Wilton estaba jugando su última temporada en la liga.
Una temporada que se cerraría histórica, pues los Rockets lograron la nada despreciable marca de 73 victorias y 17 derrotas.
Siendo el mejor equipo del oeste, jugarían una plácida primera ronda ante los Warriors que lideraba en cancha el eléctrico Paul Keys.El juego un tanto alocado de los Warriors no pudo, a lo largo de los cuatro partidos que duró la serie, superar el control y dominio de los pívots que imprimieron los Rockets, que llegaban tras un barrido a la segunda ronda.
Justo el día en que ganaban el último encuentro, se daba a conocer el último premiado que faltaba. Tommy Arison se unía a la lista de premiados de los Rockets (con Bob Marshall siendo el mejor entrenador del año) al ganar el trofeo Maurice Podoloff.
Los periodistas premiaban así la gran temporada del alapívot de los Rockets, MVP por encima de Bullock, Lemmeis, Bell o Bentley.
Gerald Bentley, el joven alero de los Mavericks, se cruzaría en su camino un año más en la repetición del duelo tejano. Los Rockets no estaban para bromas, y solo cedieron un choque jugado en Dallas para superar a todo un rival de estado y llegar en un gran estado de forma a la final de conferencia.
Por su parte, los Lakers lograban salir vivos del sexto encuentro en Vancouver y pelearían hasta el séptimo para volver a la final de conferencia. Un duelo Wilton-Lemmeis: así lo deseaban todos los aficionados y así lo deseaba el mismo Randy.
Lemmeis completó en solitario el milagro, con una estratosférica anotación de 65 puntos en un partido resuelto en dos prórrogas. Walcott y Pirtsmouth se veían alejados de la final del oeste para un jugador de leyenda, que incluso sin ningún compañero All-Star a su lado llevaba a los Lakers donde un equipo con su historia merecía estar.
Kennedy o Berford, los mejores compañeros de Lemmeis, ni siquiera serían titulares en los Rockets. Solo la calidad de Marcus, que había sabido además imprimir en sus compañeros a lo largo de toda la campaña, había permitido que los Lakers siguieran vivos a aquellas alturas de temporada.El equipo angélino volvía a la cruda realidad ya en el primer duelo. Wilton y Arison se comieron a sus homónimos en la zona en los dos partidos jugados en Houston, y lo mismo pasaría en el tercer duelo, jugado en Los Angeles. Solo el honor de Lemmeis permitiría a los Lakers volver a Houston, para sucumbir finalmente (4-1) y hacer evidente que, sin refuerzos, poco más podía hacer aquel equipo que años atrás había ganado cuatro anillos consecutivos.
Ahora los Rockets esperaban rival en la serie Hawks-Knicks. El Madison sería testigo, por enésima vez en su historia, de un duelo a vida o muerte. Y como ya había pasado en multitud de ocasiones, la grandeza del momento acabó con los Knicks y, así, los Hawks llegaban a una final de la NBA después de más de sesenta años.
Jason Terry había sido el arquitecto del sueño georgiano. Había definido un concepto ultra-ofensivo jugando con tres ala-pívots a la vez (Bell y los hermanos Baxter), rodeandolos con un escolta tirador y defensor de perímetro (Larron Chaney) y cerrando esta plantilla de ensueño con un gran base experimentado como Wheine Malcom. Así pues, un quinteto con un solo objetivo: bombardear el aro rival.
En el primer partido ya se manifestó que los Hawks no serían un rival cómodo para los Rockets, que perdían en el NASA Complex el primer partido. Los Hawks soñaban, gracias a anular a Arison y contar con una gran superioridad de centímetros en el perimetro. Pero Marshall encontró la fórmula:
Lo que fuera era una ventaja, lo convertiría en un inconveniente dentro. Así pues, dada su superiordidad debajo los tableros, ahora le tocaría a Wilton coger los galones del equipo y sacar la serie adelante. La arma de doble hoja se volvía contra los Hawks, que de esta forma veían como los tejanos se llevaban tres duelos consecutivamente.
Los de Atlanta alargarían la serie gracias a anular a Wilton y renunciar a su estilo de tres alapívots jugando a la vez. Vilne Crapotka, georgiano de nacimiento y nacionalizado griego, fue el defensor elegido por Terry a cambio de renunciar a un tanteo alto en el marcador. Le valió para el quinto, pero en el sexto Randy volvería a las andadas.
Firmaría una histórica última noche con 42 puntos, 19 rebotes y 7 tapones, para dar a Houston su cuarto campeonato y recibir su cuarto premio a mejor jugador de las finales, completando así de la forma más brillante una de las trayectorias más impresionantes que la liga había visto en toda su historia.
Randy no dejaría ni la liga ni Houston huérfanas de referentes. Jamal Bullock era el nuevo pívot dominador del campeonato y Arison intentaría, sin éxito, traer más anillos a Houston ya sin su compañero interior.
Wilton vería un año más tarde su dorsal número 5 retirado por la posteridad en el techo del NASA Complex. Cinco anillos, cuatro MVP's de las finales, cuatro MVP's de la temporada regular, tres MVP's del All-Star, tres premios al mejor defensor, un galardón a rookie del año...Además, quedaba con 34.138 puntos solo por detrás de hombres como Malone y Abdul-Jabbar, habiendo jugado quince temporadas en la liga. Sus 19.195 rebotes quedaban solo por debajo de Bill Russell y Wilt Chamberlain; en este caso, sobran las palabras. También había logrado una cifra nada despreciable en tapones, aunque los 2857 que había puesto eran inferiores a los de Olajuwon, Ewing o Mutombo, por citar algunos. 1.688 robos le ponían, por ejemplo, por encima de Charles Barkley en este aspecto y 4.821 asistencias hablaban por sí solas tratándose de un pívot.
En definitiva, dejaba tras de sí números y datos al alcance solo de las grandes leyendas. Se preguntaba si querría seguir jugando hasta confirmarse como el máximo anotador de la historia. Aquello le llevaría dos o tres temporadas, pero prefería dejarlo cuando estaba en la cima, y retirarse del baloncesto profesional para pasar más tiempo con sus cuatro hijos.
Decidió además no seguir vinculado al baloncesto. Nunca había entendido quienes, después de triunfar como jugadores, probaban suerte como mánagers o entrenadores. Él decidió hacerlo también, pero no en la NBA.
Demasiadas cosas, buenas y malas, le habían pasado a lo largo de su vida y su carrera en aquel país. Una infancia difícil, cambiar de barrio tras salir adelante y el triunfo en la mejor liga del mundo: el sueño americano. Pero, a la vez, había perdido parte de su família y sus principios durante su carrera en la liga.
Se trasladaría junto a su família a Vanuatu, donde dirigiría el combinado nacional y viviría el resto de sus días, alejado de las canastas americanas y perdido en su particular paraíso. Un lugar en el que creía, y no se equivocaba, poder vivir feliz el resto de sus días...
Tuesday, April 03, 2007
Wilton XIV
Tras la decepción del año anterior Wilton tenía claro cual era su principal objetivo: prepararse bien para llegar en buena forma hasta junio, y no volver a ver como se le acababan las pilas en abril.
El equipo entero se había conjurado para no repetir los errores que les costaron la dolorosa eliminación el año anterior. Solo Walcott, de los que se habían quedado en el camino, abandonaba el equipo. Su ambición era ser titular en un equipo con aspiraciones e intentar ser All-Star. Lo intentaría en Vancouver, junto al genial Luke Pirtsmouth.
Los Rockets solventaron su baja con un veterano con la intendencia de Danny Ayers, que abandonaba Chicago después de toda una vida dedicada al equipo de Illinos, a los que no había podido acercar al campeonato de la NBA.
Arison se conjuraba para ser el jugador determinante que necesitaba un equipo campeón. Pero un factor jugaría en su contra, mucho más que el año anterior:
Y es que, ¿había algo peor que un Marcus Lemmeis que buscaba su quinto anillo consecutivo? Arison y Wilton sabían la respuesta: un Marcus Lemmeis motivado tras haber perdido una final y, además, ante los Celtics. Y lo que más rabia le daba, no poder vengarse precisamente ante Barson, que ya se había retirado.
Este sería el primer obstaculo al que deberían enfrenarse y, de superarlo, era casi seguro que se encontrarían ante los Knicks.El este había perdido nivel en los últimos años, y solo Knicks, Hawks y Legends aspiraban a ganar el devaluado título de conferencia y plantar cara en la final ante los dos grandes del oeste. Bullock sabía que ya hacía demasiado tiempo que le había llegado el momento (cumpliría su octava campaña en la liga). Se negaba a ver a quién le comparaban con un cuarto anillo (Wilton) y a su compañero de generación (Lemmeis) ganando el quinto.
Mientras los Rockets preparaban la pretemporada en Puerto Rico, los Celtics estrenaban en Melbourne el nuevo formato de la Copa Mundial: seis equipos, con el campeón de la NBA y el de la Euroliga directamete en semifinales y los campeones de Suramérica, Ásia, África y Oceania enfrentándose en una primera final a cuatro. Aún sin contar con Barson, el honor céltico vencía al Recife do Brazil y al Olimpia de Ljubiana para adjudicarse su cuarto campeonato del mundo.
Por deseo expreso de Barson, un Rockets-Celtics inauguraría el campeonato 2033-2034. Aquella misma tarde, la vigésima bandera colgaría del Green Garden, y el número 9 del legendario escolta sería retirado para la posteridad. Los de Houston se llevarían con comodidad el duelo ante unos Celtics que ni siquiera parecían candidatos a llegar a los Play-Offs...
Arison cumplía con obligaciones de líder, pero Wilton no bajaba de los 22 puntos y 12 rebotes por noche. Quizás se echaba en falta un tercer anotador, pues Acklie e Ildres eran muy irregulares y prácticamente solo anotaban desde fuera, y Washburn era un especialista defensivo que tenía problemas a la hora de ofrecer soluciones en ataque estático.
Los Rockets avanzaban con paso firme y adelantaban a Nuggets y Grizzlies en una clasificación que, como siempre, dominaban los Lakers. Lemmeis se mantuvo fíel a la promesa que le hizo a su técnico años atrás: "cuando perdamos un anillo, el año siguiente seré el mejor pasador de la liga". A ello le añadía más de 32 puntos por noche, con lo cual, también liderava la clasificación de anotadores.
Con Lemmeis en media de triple-doble (camino de igualar en un mismo año las hazañas de Nate Archibald y Oscar Robertson), la plantilla más mediocre de los Lakers en muchos años parecía ir con paso firme hacia el anillo. Y Marcus Lemmeis demostraba, a sus 27 años, que ya era el mejor jugador de la historia de la liga. Un número 1 en la camiseta, nunca había estado tan justificado.
Mientras tanto, Knicks y Legends mantenían un precioso duelo para ver quién se quedaba con el liderazgo del este. Los Pistons y los Wizards eran las sorpresas agradables del año, mientras que los Hawks se hundían en un espiral de derrotas sin motivo aparente.
La temporada avanzaba y los números de Wilton seguían implecables. Volvía a disfrutar del baloncesto, y ya no le importaba siquiera ser uno de los máximos anotadores y reboteadores de la historia; todo aquello había quedado atrás. Solo quería un anillo, un último título de campeón antes de retirarse definitivamente.A mediados de enero regresaba a Oklahoma City, una cancha en la que durante mucho tiempo se había negado a jugar. Recibía el apoyo de algunos aficionados, que no habían olvidado cuanto había hecho Randy por la franquícia, pero Greyard seguía obsesionado con hacer olvidar su legendaria figura. Retirar el dorsal 31 (que había lucido Wilton) en honor al quarterback de los New England Patriots (Henry McCallagan, que había estudiado en la universidad de Oklahoma State) ya era el colmo y mucho más de lo que cabía esperar del personaje.
Wilton salió motivado para no dejar títere con cabeza, y estableció su mejor marca de la temporada con 43 puntos. Atrás quedaba aquella época en que con solo proponérselo podía lograr cincuenta tantos por partido pero, aquella tarde en Oklahoma, le dio moral para ver que aún era capaz de lograrlo.
Llegaba el All-Star de Los Angeles, con más glamour que nunca y con ganas de ver a Lemmeis hacerse con otro MVP del partido.
Woods (Denver), Arison (Houston), Bentley (Dallas), Lemmeis (Los Angeles) y Rose (Portland) formarían el quinteto de gala del oeste. Wilton (Houston) saldría desde el banquillo, junto a Walcott (Vancouver), Kennedy (Los Angeles), Clifford (Minnesota), Augustine (San Diego) y Pirtsmouth (Vancouver). El entrenador sería, por énesima vez, Brian Shaw (Los Angeles).
Por parte del este Bullock (New York), Bell (Atlanta), Banks (Toronto), Foyle (Detroit) y Lyndon (Washington) saldrían como titulares. Roy (Milwaukee), Vrankovac (Cleveland), Callaghan (Orlando), Haykes (Springfield), Lynch (Washington), Williams (Indiana) y Fox (Miami) serían los hombres de banquillo de los que dispondría Darrick Martin (New York).
Lemmeis ganaba su segundo MVP consecutivo pero seguía sin sintonizar con sus compañeros, en otro All-Star muy frío por parte de la estrella de los Lakers. Pero, esta vez en casa, al menos se salvó de los silbidos de la afición...
Wilton prefería guardarse su opinión sobre la estrella angelina. Estaba claro que su actitud no era la más correcta, pero con él siempre había mantenido una actitud cordial y de respeto con lo cual, no pensaba criticarle lo más mínimo.La temporada se acercaba a su fin y, con ella, empezaban a alimentarse las esperanzas de aquellos que llegaban a Play-Offs o evidenciarse la frustración en aquellas franquícias que cerraban una mala campaña.
Marcus Lemmeis había llevado, un año más, a los Lakers al primer puesto de la conferencia oeste. Los Clippers de San Diego serían su rival, mientras que los Rockets se enfrentarían al séptimo clasificado: los Dallas Mavericks.
Ambos conjuntos resolvieron por 4-0 a pesar de, en el caso de los Rockets, encontrarse con un Gerald Bentley que, en su segunda temporada en la liga, demostraba ya gran ambición para hacerse con el anillo: "le llegará el momento", pensó Wilton.
Lemmeis ganaba su cuarto MVP de la temporada regular, el segundo consecutivo, y veía como los Grizzlies se perfilaban como su rival en segunda ronda tras superar a los Blazers. Los Nuggets, que habían acabado con las esperanzas de los Timberwolves, serían el rival de los Rockets un año más.
El día en que recibía su flamante trofeo, Lemmeis sufría una inexplicable caída que se confirmó de catastrófica el día siguiente: rotura del ligamiento cruzado de la rodilla, y baja hasta el inicio de la siguiente campaña.
Mientras los Rockets se vengaban de los Nuggets por lo del año anterior, los Grizzlies superaban a unos débiles Lakers que poco podían ofecer sin su estrella. Se daría pues, una serie Grizzlies-Rockets inédita en una final del oeste.
Ante la ambición de Pirtsmouth y Walcott, Arison debía ofrecer todo su potencial. Y Wilton, que venía de una serie complicada para él ante la defensa de Woods, quería acudir en ayuda de su compañero.El factor cancha fue de gran importancia a lo largo de la serie, llegando con empate a tres al definitivo duelo que se jugaría en Houston. Walcott confirmaba a sus detractores que hubiera podido ser titular en cualquier sitio; incluso en Houston, formando pareja con Arison y sentando a Wilton. Aquellos comentarios hicieron mella en el legendario pívot, que resurgió de sus cenizas para pulverizar las esperanzas canadienses con un espectacular partido en que logró 38 puntos, 21 rebotes y 6 tapones; como en los viejos tiempos.
Llegaban a su primera final de la NBA desde el año 2023, cuando precisamente Wilton alejó al legendario Enbil Taylor de sus aspiraciones de anillo. Ahora, cuarenta años después del primer campeonato de Olajuwon, los Rockets habían vuelto a tierra prometida; y su rival sería el mismo que había sido años atrás.
Y es que delante esperaban unos Knicks que querían ver a Bullock, Barkley y Edney coronarse como campeones de la mejor liga del mundo; algo que no se conseguía en la franquícia desde hacía ya 61 años...
El mítico Madison fue testigo de su equipo tomando ventaja por 2-0 y viajando a Houston con la tranquilidad de quién ha hecho bien sus deberes. Bullock ganaba su pulso particular con Wilton, y Arison era incapaz de superar la gran defensa de Barkley.
El tercer partido se antojaba definitivo para seguir con el sueño de ganar el anillo. Tras dos prórrogas, el letón Ildres se convirtió en el heróe tejano para, con un triple decisivo, dar la primera victoria a los suyos. Arison fue clave en el cuarto para empatar la serie, y el factor determinante para ganar el quinto, el partido que se conocía como el que podía decantar el curso de una eliminatoria.
La serie volvía, con 3-2 a favor de los Rockets, al mítico feudo neoyorquino. Bullock cuajó su actuación más memorable en Play-Offs y, logrando 56 puntos, dirigió a los suyos a empatar la serie a tres partidos. Quedaba uno, lo jugaban en casa, y no se les podía escapar.
Emulando a Bill Russell y Hakeem Olajuwon a la par, Wilton motivó a sus compañeros con un gran discurso en el vestuario, y salió en cancha con una sola misión en mente: parar a Bullock. Y Arison ya se encargaría del resto...
Los Rockets definieron un partido muy duro, y no permitieron puntos fáciles de los locales. Se llegó al descanso con un triste 39-41 en el marcador, los nervios empezaban a aparecer en escena y quedaban aún 24 minutos de lucha incansable.
A falta de tres minutos para finalizar el tercer cuarto, Bullock anotaba su primera canasta en juego y el Madison estallaba de emoción. Pero Arison y Acklie seguían bombardeando constantemente el aro de los Knicks, y estos no podían acercarse a más de cinco puntos.
En el último cuarto Bullock encontraba regularidad de cara al aro, pero también lo hizo Wilton. Con ambos por debajo de los veinte puntos, fue Tommy Arison quién decidía el partido, y se convertía en el heróe de los Rockets para lograr el ansiado tercer anillo, logrado 39 años después del último.
New York lloraba desolado otra final perdida de su equipo más mítico, cuando por fin la histórica franquícia había puesto a los vecinos de Brooklyn a su sitio, otra vez. Era la segunda final perdida en tres años, y la figura de Bullock parecía ir más encaminada hacia el nuevo Patrick Ewing que no a hacer historia ganando un anillo como Willis Reed.
Wilton ganaba su cuarto anillo (en cuatro equipos distintos) y Arison su primer MVP de las finales. Olajuwon, aún no tener ya ningún cargo en la franquícia, saldría en la foto oficial del equipo abrazado a Wilton: lo habían logrado."Un buen momento para la retirada, ¿no?" le retó su mentor Hakeem. Pero Wilton, al que aún le restaba un año de contrato con el equipo, contestó: "No, aún debo lograr mi primer back-to-back."
Y, de hacerlo, sería cuarenta años después de que los Rockets lo ganaran. Pero no quería, como se recordaba aquello, que fuera recordado como el equipo que ganó sin el más grande enfrente. Los Rockets lo lograron gracias a la retirada de Michael Jordan. Él solo deseaba que Marcus Lemmeis se recuperara y ganar el anillo habiendo vencido antes al más gran rival que nunca había tenido.
Y, una vez logrado, retirarse a lo grande con cinco anillos y cuatro MVP's bajo el brazo, y ser recordado como algo más que el nuevo Wilt Chamberlain o el nuevo Hakeem Olajuwon...Simplemente Randy Wilton, el pívot más dominante de la historia de la liga!
Sunday, March 25, 2007
Wilton XIII
Como ya había decidido, nada más abrirse el mercado de agentes libres y tener derecho a firmar un contrato cogió un vuelo hacia Houston y fue presentado aquel mismo día por la tarde. Aunque su destino estaba ya cantado, Kings, Nuggets, Pacers y Heat le hicieron jugosas ofertas de última hora. Pero él tenía claro donde quería estar: en Houston junto a Hakeem y Arison.
Aún los intensos rumores que aquella era su última temporada, su mujer le empujó a firmar un contrato por tres años "todos sabemos que no vas a dejar el baloncesto dentro de un año". Su numerosa família se trasladaría a la ciudad tejana, y su lujosa mansión en Washington sería vendida a la Naishmith Fundation for Basketball Patrimony.
Llevaría el número cinco, el dorsal que llevaba su hermano cuando aún jugaba a baloncesto en el instituto. Una desafortunada lesión le alejaría de las canchas aunque su potencial tampoco daba para llegar a la mejor liga del mundo.
Una semana después de firmar el contrato ya tenía una casa acorde a sus necesidades y empezaba a entrenar por su cuenta. Antes de ganar el anillo con Houston tenía otro reto en mente: el oro olímpico.
Tras no haber podido asistir al de Toronto, veía aún más lejos aquella medalla dorada lograda en los juegos de Capetown. Volver a recibir la llamada del Dream Team USA era un honor irrechazable, y más para formar parte del selecto grupo que viajaría a Dublín.Él mismo, Bullock (New York), Woods (Denver), Bell (Atlanta), su compañero Arison, Haykes (Springfield), Norman (Los Angeles), Sanders (San Antonio), Terry (Minnesota), Barson (Boston), Pirtsmouth (Vancouver) y Fox (Miami), formaban los Deluxe Twelve, que es como se llamaba al equipo en clara referencia a su calidad, pero sin el carisma del mítico Dream Team. Por su parte, Lemmeis había rechazado por compromisos con los patrocinadores y para estar descansado para la temporada regular.
En primera ronda no dieron ninguna opción a sus rivales, aplastando eslovenos, panameños y nigerianos. Llegaron los octavos y Estonia pareció dar la cara, pero se difuminó en el último cuarto. La eliminatoria ante Chile fue plácida y se llegó a unas semifinales en las que España pareció recordar aquel mítico equipo de principios de siglo. Pero también cayó en sus manos, y esta victoria dio la suficiente moral como para pasar por encima de Francia en la final.
Wilton volvía a Houston con el oro olímpico, mientras que Lemmeis lo hacía avergonzadísimo al haber visto caer a sus Lakers ante el Tallin Cramo de Estonia, que contaba con la demoledora pareja Lerin Ildres y Marco Andurs.
Precisamente el alero Ildres sería el último fichaje de unos Rockets que se habían movido en verano tal y como le habían prometido a Wilton: para ganar un anillo.
Randy formaría en el quinteto titular junto a Arison, Ildres, Washburn y Acklie (cuatro jugadores que eran o habían sido All-Star). Oynes sería su recambio desde el banquillo, y Walcott, Mendes, Willis y Ellwey serían los principales nombres de la rotación. El rookie Richards, Booth, Fletcher, Thomas y Mayo cerraban los quince hombres que entrenaba Bob Marshall, todo un clásico en el banquillo tejano.
Como parte del acuerdo entre NBA y Euroliga, los equipos de la Midwest Division jugarían en Moscow su torneo de pretemporada. Wilton por fin pudo jugar ante sus ex-compañeros (solo quedaban Van Fyde y Thomas) sin recibir silbido alguno. Denver se hizo con el título pero estaba claro que, a excepción de un Lemmeis dolido aún con su derrota en la Copa Mundial, nadie se tomaba aquellos partidos más allá del hecho de provar sistemas y empezar a encarar la larga temporada regular.Su debut con la camiseta de los Rockets en el NASA Complex llegaría como segundo plato fuerte de la jornada inaugural, y les enfrentaría a los Timberwolves. Ganarían aquel primer compromiso y saldarían con solo dos derrotas los diez primeros encuentros.
Wilton seguía siendo importante, pero ya no era la referencia. Tenía una pareja de lujo, mucho menos egoísta que Norman pero, a la vez, consciente de la responsabilidad que tená encima. Arison se consagraba como una estrella de la liga y necesitaba alguien de la experiencia de Wilton a su lado para llegar al olimpo.
El undécimo partido se jugaba en Washington y, para Randy, sería una noche muy especial.
Los Wizards colgarían su dorsal número 13 para la historia, agradeciendo así al mejor jugador de todos los tiempos en la franquícia capitalina su paso por el equipo. Era el segundo equipo que le homenajeaba de esta manera, el equipo de su vida con el que le hubiera gustado poder ganar mucho más de lo que ganó y retirarse allí del baloncesto en activo. Pero Skiles lo había echado todo a perder y había visto que su sitio ya no estaba en Washington.
Fue una noche mágica de no ser por una clara derrota. Con Lyndon, Lynch y Harrell como referencias y TJ Ford en el banquillo el equipo volvía al Run&Gun más clásico y todo el mundo comparaba el trío exterior con el mítico Run TMC. Las victorias llegaban y el público disfrutaba como no lo hacía desde el año del anillo.
Por su parte, las referencias del juego de Houston estaban en su pareja interior y los balones que salían al perimetro. El letal Ildres y las penetraciones de un Acklie que a su edad conservaba unas grandes piernas daban otras opciones a los de Marshall. Washburn y Mendes tenían un perfil más defensivo, mientras que Walcott y Ellwey se confirmaban como la revolución, saliendo siempre desde el banquillo.En navidad llegó el primer compromiso ante los Lakers que no defraudó en absoluto. Lemmeis lo llevó a la segunda prórroga y una vez allí la perdió, pues jugaba demasiado solo. Había logrado cincuenta puntos por tercera ocasión aquella temporada, pero Norman ya no era el mismo y no se dejaba acompañar por nadie.
Precisamente en el siguiente fueron los Clippers quienes pagaron el mal gusto que le había dejado aquella derrota. 96 puntos, superando el récord de 94 de Wilton y acercándose a Chamberlain como nadie lo había hecho nunca. Los de San Diego cerraban la liga camino de una catastrofe histórica, llevando tan solo cuatro victorias pasadas las navidades y permitiendo a sus rivales llegar a los 120 puntos por partido.
Los Rockets eran los terceros clasificados en una dura conferencia oeste. Delante tenían a los Nuggets y los inalcanzables Lakers. Spurs, Grizzlies, Timberwolves, Blazers y Suns también daban guerra, y la igualdad predominaba más que nunca.
Una buena racha en el mes de enero permitió a los de Houston alcanzar a los Nuggets y llegar como segundos clasificados al parón del All-Star, a falta de 32 partidos para acabar la temporada regular.
Bob Marshall sería el entrenador del oeste (Shaw lo había sido el año anterior) en el All-Star de Minnesota. Sus discípulos formarían en el quinteto titular junto a Clifford (Minnesota), Lemmeis (Los Angeles) y Pirtsmouth (Vancouver). Woods (Denver), Moott (Seattle), Djeric (Phoenix), McKinney (New Orleans), Corke (Denver), Terry (Minnesota) y Rose (Portland) serían las opciones a tener en cuenta desde el banquillo.
Scottie Pippen, de los Legends de Springfield, sería el entrenador del este. Bullock (New York), Bell (Atlanta), Haykes (Springfield), Lynch (Washington) y Fox (Miami) saldrían como titulares. Roy (Milwaukee), Barkley (New York), Callaghan (Orlando), Haislip (New York), Foyle (Detroit),Edney (New York) y Lyndon (Washington) se sentarían en el banquillo a esperar su turno.
En el primer All-Star en muchos años sin Barson y Norman (ambos no elegidos por los entrenadores), Wilton no se sintió nada cómodo. No hubo sintonía entre él, Arison y Lemmeis, que no se dirigieron ni siquiera una mirada en todo el fin de semana. De hecho, Lemmeis no había entrenado con el resto del equipo justificándolo con una gripe, y la verdad era que apenas hablaba con nadie. De todas formas, y aún yendo a su bola y sin pasar un solo balón, hizo suficientes números como para ser el MVP del partido, ante los silbidos del público de Minnesota que, como muchos otros, no podían verle.Marcus Lemmeis no quería ser el niño bueno de la liga. Lo había dicho en verano y lo repitió después del All-Star. Él solo quería ganar campeonatos con los Lakers y pasar una historia, pero no ser un icono. Aquello lo había perseguido al principio y solo le había valido unas críticas que ahora, mucho más maduro y vengativo, se dedicaba a alimentar.
La temporada regular finalizó con el guión previsto, y no fue ninguna sorpresa el ver al jugador de los Lakers ganar su tercer MVP de la temporada; aunque se anunciaría unos días más tarde, estaba cantado. Walcott honoraría a la franquícia tejana al recibir el premio a mejor sexto hombre de la temporada.
Wilton perdía el honor de ser el máximo reboteador de la temporada (conseguido en nueve ocasiones, cinco de ellas consecutivas en su paso por Washington). Había sido el tercero, por detrás de Moott (Seattle) y Beeson (Boston).
Los Rockets se enfrentaría en primera ronda a los Jazz, como segundos clasificados. Lakers-Suns, Nuggets-Grizzlies y Timberwolves-Blazers serían los otros emperejamientos; sorprendentemente, los Spurs y los Sonics se habían quedado fuera.
Arison realizó un gran trabajo, parando al hombre más peligroso de los Jazz (Gardner) y siendo el hombre clave en el ataque de los Rockets. Con relativa facilidad (4-1), pasaban a segunda ronda donde les tocarían unos Nuggets que querían repetir la final de conferencia jugada dos años atrás.
Woods se convirtió en heróe dejando a Wilton por debajo de los 10 puntos en un partido de Play-Offs, dejándolo con 8 y a 11 de su récord más pésimo (19). Así pues, los Nuggets podían viajar a casa con el factor cancha a favor y un 1-1 en la eliminatoria que extenderían hacia un peligroso 3-1.
Arison solo no había podido hacer nada, y el resto no respondían. Wilton puso de su parte en el quinto para llevar las series a un sexto partido que fue un mero paseo por parte de los de Colorado; los Rockets estaban eliminados y nadie se había hecho aún a la idea.
En Houston nadie entendía nada. Tenían un equipo preparado para derrotar a los Lakers y, a la hora de la verdad, nadie había cumplido. Arison se había quedado solo, como el año anterior, y ni siquiera el legendario Randy Wilton había estado a la altura de lo que se le pedía. Era una decepción en mayusculas, para un sólido proyecto que en ningún momento había dado signos de poder llevar a algo así.
Olajuwon pidió paciencia para aquel equipo y anuncio que no habría cambios en verano. Si que avisó, sin embargo, que en la plantilla faltaba carácter para aspirar al anillo, apuntando directamente a su estrella con el fin de motivarle. Arison era este tipo de jugador, un ala-pívot muy estético pero al que le costaba meterse en la pintura y echarse el equipo a la espalda. Era quizás el tema que habría que trabajar en verano, preparar a la estrella para ser un líder llegada la hora de la verdad.
Randy estaba la mar de tranquilo. Aún ser consciente de que no había cumplido con lo que se le pedía, sabía perfectamente que era la primera vez que aquello ocurría y que, más que por demerito suyo, fue mérito de Woods. No podía hacer más que admirar al que mejor le había defendido nunca y motivarse para trabajar en verano para impedirlo en la próxima ocasión en que se cruzara con su rival.
Unos Celtics que venían de haber quedado quintos en la temporada regular sorprendieron a todo el mundo al derrotar por 4-3 a los todopoderosos Knicks en la segunda ronda del este. Willie Barson, que no había sido convocado para el All-Star y que jugaba su última temporada en la liga, había recordado al de los primeros años tanto en primera ronda (4-3 ante los Legends) como en esta segunda ante los Knicks.
También en el séptimo partido, volvieron a hacer saltar la banca ante los Hawks y se plantaron sorprendentemente en una final con sabor clásico (Lakers-Celtics).
Lemmeis realizó actuaciones monstruosas, pero Barson le dio a lo largo de la serie toda una lección de maestría, humildad y trabajo en equipo. Así logró Willie Barson el milagro: evitar el quinto anillo de los Lakers y ganar el vigésimo por la franquícia bostoniana.
Wilton, que estaba en Los Angeles para ver el decisivo partido, bajó a cancha a felicitar a su buen amigo por lo conseguido, mientras Lemmeis no se dignaba ni a felicitar al justo ganador. Le pidió que no se retirara, pero este le contestó que ya estaba premeditado, y que no había mejor momento que aquel para hacerlo.
La NBA asistió a la retirada más grande que nadie habia tenido nunca. Willie Barson se retiraba habiendo ganado un anillo con 33 años y ganando todas las eliminatorias en el séptimo partido, con lo cual los Celtics habían necesitado 28 partidos para hacerse con el anillo. Era la retirada dorada por parte de cualquier jugador, que dejaba tras de sí cuatro campeonatos, tres MVP's y una carrera que sin duda merece estar a la altura de los más grandes en la historia de la NBA.
Tuesday, March 20, 2007
WXIII Preview
A todos estos escalofriantes números que aún pueden subir, hay que añadir sus tres anillos de campeón, los cuatro trofeos de MVP de la competición, el haber sido tres veces el mejor defensor, dos veces mejor jugador del All-Star, ocho presencias en el equipo ideal de la temporada...
Con todo esto, Randy Wilton presenta argumentos suficientes para ser considerado uno de los mejores de la historia. Y aunque le queden algunas temporadas para superar a Olajuwon en robos y tapones y Wilt en puntos y rebotes parece haber dejado atrás los que al entrar en la liga eran sus cuatro grandes objetivos.
Tiene tres MVP's de las finales como solo Magic Johnson, Michael Jordan, Shaquille O'neal, Lebron James, Willie Barson y, ahora, Marcus Lemmeis, habían conseguido hasta el momento. Se une además al selecto podio de jugadores en haber logrado el anillo en tres equipos distintos, junto a John Salley y Robert Horry. Entonces ¿por qué sigue un año más? Si dice haber logrado todo y más de lo que deseaba en esta liga ¿por qué seguirá adelante?
Por Hakeem Olajuwon. El jugador que ha escrito todas las páginas doradas en la historia de los Houston Rockets y que en su día tanto le ayudó. Aquel al que en su día tanto le dolió decir que no a su oferta, por intentar ganar el segundo anillo de la historia de la franquícia de su ciudad. Este pívot legendario cuya historia admiraba tanto o más que la de su homónimo Wilt Chamberlain. Por él y junto a los jovenes Tommy Arison y Ronaldo Washburn intentaría traer el tercer anillo a Houston tras casi cuarenta años de sequía desde el último.
Llevaría el número 5 en honor a su hermano William, que lucía este dorsal cuando jugaba en el instituto. Firmaría un contrato por tres años aún recordando que al finalizar la temporada se había planteado seriamente la retirado. Pero en tres años esperaba haber construído junto a Hakeem y Arison el proyecto ganador que la ciudad tejana necesitaba y volver a llevar el anillo a una franquícia histórica como los Rockets.
Pero no será tarea fácil, ganar el anillo de la campaña 2032-2033. Marcus Lemmeis iba a por su quinto anillo consecutivo junto al veterano Norman y con Shaw guiándole cada paso. Bullock quería demostrar quién era el nuevo pívot dominante de la liga trayendo el anillo a New York sesenta años después del último y Barson quería retirarse a lo grande en la que sería su última temporada en la liga.

Por lo tanto, anhelado por estos cuatro gigantes, el anillo de la temporada 2033 no parece tener favorito claro en principio. Habrá que estar atentos a lo que sucederá dentro de un tiempo...
Thursday, March 15, 2007
Wilton XII
Pasaba el verano y Randy seguía sin superar el duro golpe de las anteriores finales. No entrenaba, bebía más de lo habitual y había perdido las ganas de seguir jugando, cuando solo le restaba un año de contrato con los Wizards.
Se le vería junto a su amigo Casey Thomas (ahora en los Bucks) en Las Vegas. Se aislaría del entorno en un viaje de quince días patrocinado por su marca de calzado a China e India. Todo aquello solo, lejos de la aburrida rutina familiar y del ambiente de la NBA.
Al volver a Washington se encontraría con la peor notícia que recibía en mucho tiempo. Terry Norman le llamaba desde Los Angeles para decirle personalmente que fichaba por los Lakers. "Quiero el anillo Randy! Y tanto tu como yo sabemos que esto no se consigue en DC".
Wilton estaba tocado. Se quedaba como matusalén en un equipo de jovenes, como exceso de peso en un equipo que quería correr. Sencillamente, una leyenda en su cuesta abajo que, sin Norman al lado, dificilmente podría lograr aquello por lo que le pagaban cada mes.
Áún así, no sería aquella la peor notícia que recibiría Wilton al abrir el periódico el día siguiente. Alguien le había fotografiado con una chica Playboy en una fiesta que había tenido lugar en motivo del cuatro de julio, y había decidido que aquel era el día perfecto para que el asunto saliera a la luz.Volvío rápido a casa y se encontró las maletas en la puerta. Demasiado cobarde para disculparse, huíria a casa de sus padres donde pasaría una única noche, antes de hacerse con un piso cercano al pabellón...
Mientras los Lakers apalizaban al Maccabi de Tel-Aviv en la final de la Copa Mundial, Wilton pensaba en cuanto le había quitado Lemmeis. Un anillo, un gran compañero, su família...Le hacía culpable de todos sus males, sin darse cuenta que la culpa la tenía su obsesión con el baloncesto, el pensar que era lo único que daba sentido a su vida.
Empezó la pretemporada y Hinrich se mostró atónito ante el exceso de peso de Randy. Su estado físico se mostró incapacitado para jugar al ritmo que acostumbraban a hacerlo los Wizards y, sencillamente, era una pieza sobrante para las aspiraciones del equipo; Kirk lo sabía y Randy lo sabía.
Pero Skiles no estaba de acuerdo con quitarse la pieza más válida de su puzzle y habló con Kirk para comunicarle que debía buscar una táctica acorde con las características de Wilton, un planteamiento más conservador. Hinrich se mantuvo fiel a sus ideas y dio a escoger entre su cabeza o Randy. No es que no le gustara, sino que en las condiciones en que se encontraba no era válido para desarrollar su estilo de juego.
Skiles echó a Hinrich y se puso, como ya le hubiera gustado hacer antes, al mando del banquillo de los Wizards. Wilton era el eje de un sistema defensivo muy conservador y de un ataque, a ser posible estático, que se basaba en él y los posibles tiros exteriores, obviando buena parte de las capacidades ofensivas del perímetro que formaban Harrell, Lynch y Lyndon.
Las carencias del sistema ya se hicieron notar en el primer partido, terminando con derrota ante los Hawks. El equipo estaba preparado para defender a por todas, de hecho, ya lo hacía con Hinrich. Pero vivía básicamente de ataques rápidos y transiciones, y les costaba sobrevivir en estático. Los porcentajes de acierto bajaron enormemente y la mejor defensa de la liga, era tambié de los peores ataques.
Wilton no había bajado mucho sus números, pero al girar todo el sistema a su entorno sí lo habían hecho los de sus compañeros. Anotaba, reboteaba, taponaba y asistía a nivel habitual pero, fuera de la estádistica aún arrolladora, nadie hubiera dicho que dominaba. Ya no daba aquel pase clave, ya no anotaba desde donde quería, ya no paraba cualquier pívot que se le pusiera enfrente...Aún con una estadística igual de perfecta que otros años, su cuesta abajo se hacía evidente.En diciembre, cuando fueron a jugar a Las Vegas, los Kings les infligieron una histórica paliza y les condenaron con el récord mínimo de anotación en muchos años (61). Wilton pidió fiesta a Skiles por unas supuestas molestias para el día siguiente, y pasó la noche en la ciudad del juego. Jason Hart, General Manager de los Kings, le dio algo en lo que pensar: "vienes aquí, anotas muchos puntos, nos llevas a Play-Offs y fin".
Le proponía fichar por los Kings como agente libre, y llevar el plan de vida de muchos jugadores que acababan allí. La franquícia no hace preguntas si tu respondes en cancha.
Por navidad fue a ver a sus hijos y su mujer le dio una sorprendente notícia, que le había ocultado hasta el momento. Estaba embarazada, de siete meses. Y aunque Randy se alegró mucho y le pidió que volvieran a intentarlo ella le dijo que no; había huído, y no había vuelta atrás.
Pasó las navidades solo, añorando aquellas ocasiones en que la NBA programaba un partido suyo al ser de máximo interés. Un Lakers-Nuggets, amenizaba ahora las cenas navideñas en todos los hogares del mundo.
Cercano a los 30 puntos, 15 rebotes, 5 asistencias, 3 tapones y 2 robos, Wilton mantenía intachable su estadística para hacerse con el MVP de no ser por un pésimo récord de 19-20 para Washington. Eran uno de los conjuntos más aburridos de la liga, el Eagle Complex ya no se llenaba y todo el mundo tenía claro que Randy no jugaría otro año en la capital.
Harrell, Lynch y Lyndon mantenía viva la ilusión de la gente, que sin embargo era consciente que con Skiles vagando por allí poco podría hacerse. Arenas era consciente de ello, y ya se rumoreaba que en verano se echaría desde la cúpula directiva el ahora entrenador y General Manager.
Los Lakers iban directos hacia su cuarto anillo consecutivo, y solo unos sorprendentes Rockets liderados por el jovencísimo Arison y los sólidos Knicks de Bullock parecían preparados para hacer frente al insaciable Marcus Lemmeis.
Por si su vida no fuera hacia un oscuro abismo, a mediados de enero le llegó otra horrible notícia: su hermano y representante William y su mujer habían muerto en un accidente de coche a las afueras de Buffalo. Su único hijo, Malik, había salido milagrosamente ileso del sinistro.
Sin mediar palabra, Wilton pasó por el pabellón a pedir vacaciones indefinidas. Llegó ocho horas más tarde al hospital donde se alojaba su sobrino de dos años, firmó todos los permisos necesarios y se lo llevó a su casa. Allí le esperaba Nancy, que consciente de que Malik necesitaría una família le pidió que volviese a casa.Nadie lloró más, aparte de sus padres, la muerte de William que Randy. Había perdido una parte de él mismo, a su ser más querido. Pero le tocaba ser fuerte, cuidar de sus padres (a los que pidió que fueran a vivir con él y Nancy) y ofrecer una família al pequeño Malik.
Le frustraba, al volver quince días más tarde con el equipo, ser consciente de que no podría ofrecer un anillo de despedida a su querido hermano. Al menos, no con los Wizards y no con Skiles en el banco.
Anotó 57 puntos a su vuelta, más de lo que en su actual condición imaginaba poder hacer, como tributo a William. Lideraría a los Wizards a ocho sorprendentes victorias consecutivas antes del All-Star, que tendría lugar en Orlando.
Sorprendentemente, Wilton no había sido el elegido para salir de titular en el partido. Darrick Martin tendría a su discípulo Bullock (New York) a Bell (Atlanta), Haykes (Springfield), Fortson (Milwaukee) y Fox (Miami), formando el quinteto. Wilton saldría desde el banquillo, como también lo harían Callaghan (Orlando), los gemelos Baxter (Atlanta), Merton (Charlotte), Barson (Boston) y Edney (New York).Por parte del oeste Woods (Denver), Arison (Houston), Djeric (Phoenix), Lemmeis (Los Angeles) y Pirtsmouth (Vancouver), serían los titulares que presentaría Brian Shaw (Los Angeles). Moott (Seattle), Norman (Los Angeles), Gardner (Utah), Clifford (Minnesota), Washburn (Houston), Terry (Minnesota) y Rose (Portland) saldrían desde el banquillo.
La noche antes del partido, Randy recibía una llamada diciéndole que su mujer iba de parto, y que se apresurara a llegar allí. Abandonaría la concentración, con permiso de la liga, y llegaría a Washington casi al minuto que el bebé veía la luz. Era un niño: William Wilton.
Aquel momento le unió a su mujer como no lo habían estado en mucho tiempo. Ni siquiera vio el partido de las estrellas, sino que estuvo junto a ella, atento a sus peticiones y necesidades, en todo momento. Y aunque nunca olvidaría su infidelidad, sabía tan bien como él de la importancia para sus niños de tener una familia unida. Y así, poco a poco, podría perdonarle...
El este había ganado el partido y Bullock había sido el MVP. Todos se habían conjurado para dedicarle la victoria al pequeño William Wilton.
Randy tardó una semana, sin prisas, a volver a las canchas. La temporada avanzaba inexorablemente, y gracias a su esfuerzo los Wizards no sufrirían por meterse en Play-Offs.
Terminaron la temporada regular como el sexto equipo mejor clasificado del este, y con Skiles engañándose a sí mismo con su discurso de "la temporada ha sido un éxito". Les tocaría medirse a los Springfield Legends, un equipo que ya les había demostrado el año anterior que era un hueso duro de roer.Haykes hizo un primer partido de ensueño, logrando un triple-doble y siendo el amo absoluto del partido. Wilton vio enseguida que jugando como les pedía Skiles no llegarían a ningún sitio y, ejerciendo de capitán, pidió a sus compañeros que jugaran como lo hacían con Hinrich.
En el segundo dieron el golpe a base de entrega y buen juego, y lo mismo ocurrió en los tres siguientes. Al parecer, los Legends habían previsto una eliminatoria sencilla ante unos Wizards que venían jugando fatal, pero para nada se esperaban aquel resurgir del honor capitalino.
Los Hawks esperaban en segunda ronda. Skiles avalaba un estilo de juego que se había impuesto en contra de su voluntad y Wilton había recuperado el prestigio que, poco a poco, había ido perdiendo a lo largo del año. Por primera vez en mucho tiempo, quedaba fuera del quinteto ideal del año y muy atrás en la carrera por un MVP que fue para Bullock. Lemmeis no se tomaría nada bien aquel premio, y al ser preguntado por el tema se limitó a responder que alguien no quería verle como lo que era: el mejor jugador de todos los tiempos.
Los Hawks, un equipo veloz como pocos, no dieron ninguna oportunidad a los Wizards. Fue un barrido con todas las de la ley, recordando a aquellos Suns de principios de milenio. Steve Nash entrenaba el equipo que su homónimo Jeffrey Evan Daniels dirigía en cancha. Omar Bell ejercía del Amaré de los de Atlanta, y los gemelos Baxter de los falsos aleros a medio camino entre Shawn Marion y Boris Diaw.
Una segunda ronda: todo lo que había podido ofrecer para homenajear a su hermano. Aquello no supuso un bache como la derrota del año anterior, pero le hizo plantear muchas cosas. ¿Valía la pena seguir luchando? ¿Era Washington, tras ser nombrado Skiles entrenador, el sito ideal para ir a por su cuarto anillo? ¿Debía retirarse y estar con su ahora extensa familia?
Habló todo aquello la misma noche de la triste derrota con Nancy. Ella le animó, como había hecho tres años atrás a no rendirse. Tras un tiempo y, sobretodo, durante el último año, había conocido a su marido lo suficiente como para saber que era incapaz de retirarse por la puerta de atrás. Le animó a hacerlo en lo más alto y buscar, si no quería seguir en Washington, el sitio necesario para conseguirlo.
Un Hakeem Olajuwon que había abandonado sus funciones y se dedicaba, sin ánimo de lucro, a ayudar a sus amados Rockets en lo que pudiera, llamó a su viejo amigo Randy para hacerle una propuesta. Los Rockets habían llegado a unas finales del oeste de las que eran perfectamente conscientes que saldrían derrotados. Como hacía cinco años, le proponía subirse al barco para traer a Houston un anillo "que hace años que se resiste".
Aquella llamada le hizo mucha ilusión. Como una de las personas que más le habían ayudado, Wilton no quería decepcionar a su ídolo Olajuwon y, aún no decirle que sí, decidió de buen principio que aceptaría la propuesta de Houston, para intentar junto a Arison herir a Lemmeis donde más le dolía: a las puertas de las finales de la NBA.Los Knicks eliminaron a unos luchadores Hawks y llegaban a su primera final desde el año 1999. Lemmeis se mantuvo fiel a su promesa y destrozó a Bullock en la final para lograr el cuarto anillo consecutivo (algo que no se veía desde Bill Russell) y confirmarse como una leyenda viva de la liga.
El 4-1 contra Houston y el 4-2 contra New York demostraban al mundo lo que este ya se temía: nadie podía parar a Marcus Lemmeis. Pero Olajuwon y Wilton no pensaban lo mismo...
Sunday, March 04, 2007
Wilton XI
Llegaba uno de los meses de julio menos movidos que recordaba y no podía hacer más que descansar, ya en casa una vez le habían dado la alta. Hasta principios de septiembre no volvería a pisar un gimnasio y a correr la cancha para, más tarde que el resto, incorporarse luego a los entrenamientos de pretemporada de los Wizards.
Se perdería el Mundial que se jugaba en Francia, en donde Lemmeis sería el principal reclamo de la selección estadounidense.
El Dream Team USA vencería a la selección de Brasil en la final, revalidando por tercera vez consecutiva el campeonato del mundo. Lemmeis sería elegido mejor jugador del campeonato, en el que también había destacado en la selección nipona su compañero en los Wizards, Nakano.
Con la pretemporada a punto de iniciarse Skiles dio un inesperado golpe de timón que acabó con Gregory Layne, un veterano con gran trayectoria en la liga, saliendo del equipo para traer al número uno del Draft, el escolta Ravent Lynch. A uno quizás le quedaban un par de temporadas buenas, pero el rookie tenía juego para dar durante muchos años en una plantilla que pronto vería decaer a sus postes titulares (Wilton y Norman), y que empezaría a depender del perímetro (Harrell, Lynch y Lyndon).
Wilton sintió la baja de Layne, al igual que la de Hurbett, que saldría a cambio de Jamie Rush una semana más tarde. Ellos dos fueron los grandes culpables del anillo que ganó Washington en el 2028, y Skiles les envió a equipos sin aspiraciones en la recta final de su carrera, cuando su ambición se encontraba más fuerte que nunca. Parecía, por primera vez, existir cierto divorcio entre el rumbo que tomaba el General Manager y el que quería el entrenador (Hinrich).Desde la directiva era claro el objetivo, y rejuvenecer la plantilla había sido el camino elegido para lograrlo. Vencer a Lemmeis estaba en mente de todos y aunque los sentía por sus dos ex-compañeros, Wilton no alzó la voz más de la cuenta para quejarse del tema.
Asistía a diario a mejorar físicamente y ver entrenar al equipo. Norman era más ambicioso que nunca, se había puesto entre ceja y ceja ofrecer otro año de espectacular rendimiento para lograr el ansiado anillo que tanto se le había resistido. Harrell sabía que debía dar un paso adelante y Lyndon, más maduro y cada vez más parecido al veterano Gray, estaba conscienciado de priorizar el anillo a jugar el All-Star que tanto amaba años atrás.
Con pocos días para empezar, los expertos tenían claros sus favoritos. Washington, New York y Boston seguían un paso por delante de todos, aunque los Celtics empezaban a vislumbrar su cuesta abajo. En el oeste, Denver, San Antonio y Seattle intentarían lo imposible: frenar a los Lakers.
Empezó la temporada con un LA Lakers-Seattle para inaugurar. Lemmeis dominó, como ya había hecho en la Copa Mundial ante el Sony Munchen. Quería repetir el MVP que el año anterior le había arrebatado Wilton. Estaba en su quinta temporada, más ambicioso que nunca por el premio y sediento de ganar su tercer anillo consecutivo.
Wilton iba entrando poco a poco, y eran Norman y Lyndon los que guíaban los pasos del equipo. Perteneciente a una promoción floja, nada parecía poder evitar que Lynch se hiciera con el rookie del año, siendo además el titular en un equipo aspirante a todo.
Los Wizards iban un poco cojos, y su récord llegado el mes de diciembre no era todo lo positivo que cabría esperarse del mejor equipo de la temporada anterior. Los Springfield Legends sorprendían a propios y extraños ascendiendo al primer lugar de la conferencia, con los Knicks pisándoles los talones. Los Wizards y los Celtics iban un paso atrás, y luego venían los Heat, los Cavs y los Bucks.A partir de navidad Wilton volvió a su tono y se encontró, poco a poco, con sus números habituales. Esta subida le sirvió para volver a liderar la clasificación de máximo reboteador, aunque Bullock y Banner le superaban en el apartado de tapones que ultimamente acostumbraba a liderar.
Esto lo agradeció el equipo, que poco a poco mejoró sus prestaciones y pudo encadenar diversas rachas muy positivas de victorias. Aún así, Legends y Knicks estaban aún a una buena distancia gracias a su buen inicio y regularidad. Los Lakers, evidentemente, lideraban muy claramente la liga, con Lemmeis como máximo anotador, récord personal de 74 puntos incluído, y repartiendo además más de siete asistencias por partido.
Nada parecía poder parar a los angelinos, y esto motivó aún más unos Wizards que por fin volvían a ir todos a una, después de los rumores que apuntaban al despido de Hinrich y bajada al banquillo de Skiles. De todas formas, se llevaba especulando con aquello durante mucho tiempo, y ya nadie en Washington hacía caso.
Se llegó al All-Star de Dallas y serían Scottie Pippen (Springfield) y Steve Blake (Denver) los que lo dirigirían desde el banquillo.
Wilton repetiría titular por enésima vez, jugando al lado de Callaghan (Orlando), Haykes (Springfield), Fortson (Milwaukee) y Fox (Miami). Bullock (New York), Morrison (Springfield), Bell (Atlanta), Merton (Charlotte), Watts (Cleveland) Elson (Chicago) y Jerretts (Boston) eran las opciones a tener en cuenta desde el banco. Barson sería baja al tener molestias en la rodilla y, porqué no decirlo, demasiados partidos a sus espaldas como para preocuparse de jugar la pachanga de las estrellas.
Woods (Denver), Arison (Houston), Sanders (San Antonio), Lemmeis (Los Angeles) y Rose (Portland) formarían como titulares del oeste. Bass (Los Angeles), Gardner (Utah), Parker (Denver), Djeric (Phoenix), Van Fyde (Oklahoma City), Terry (Minnesota) y Pirtsmouth (Vancouver), serían los jugadores de banquillo del oeste.
Lemmeis firmaría un gran partido, pero sería el jovencísimo Tommy Arison quien de veras marcaría la diferencia. Con un espectacular partido, el jugador de tercer año en la liga haría su sitio en la historia con aquella exhibición, que dio a los aficionados Rockets una esperanza de que el jugador fichado por Olajuwon en el Draft del 2028 volviera a la franquícia tejana en el sendero del anillo, que se les resistía desde el año 95, con Hakeem de líder precisamente.Por parte del este, solo Fox y los debutantes dieron signos de querer llevar a los suyos a luchar por un partido que ya de inicio habían perdido.
Lejos de darle importancia a aquello, Wilton lideró a los Wizards a una racha de trece victorias consecutivas para acercarse a los Legends, que sin embargo no dejaron de pisar el acelerador en ningún momento.
Al final, los Wizards superaban a los Knicks en su particular contrareloj y se hacían con el segundo puesto de cara a la postemporada, emparejándose en primera ronda con los Hawks de Omar Bell y los gemelos Willie y Omar Baxter. Un jovencísimo trío que prometía marcar un antes y un después de su paso por Georgia.
De todas formas, su velocidad y juventud no fueron rivales para los dos mejores pívots de la anterior década. Wilton y Norman no cedieron la más mínima y, muy bien acompañados por el mejor rookie del año, un Lynch que subía sus números de la temporada regular, enviaron a los Hawks de vuelta a casa dejando atrás un humillante, aunque esperado, barrido.
Los Legends tampoco tendrían problemas y se medirían en segunda ronda con los Heat, que venían de eliminar a unos Celtics que poco pudieron acercarse a revalidar el campeonato, con la baja de Barson pesando demasiado como para acabar con los de Florida.Los Wizards, por su parte, se medirían a unos Knicks que venían de eliminar a los Cavaliers, aún con la derrota del año anterior en segunda ronda en su memoria, y con Bullock hambriento de llegar a sus primeras finales y medirse al que fue el alumno aventajado de su promoción: Marcus Lemmeis.
El Eagle Complex hizo gala de su fama de fortín en el primer choque, pero en el segundo los Knicks simplemente arrollaron. Enbil Taylor sería clave desde el banquillo, en uno de sus últimos intentos para ganar el anillo que no había podido conseguir en Houston. La eliminatoria se trasladaba al Madison, que vio con gran alegía a su equipo ponerse 2-1 en la eliminatoria.
Wilton no había estado a su mejor nivel hasta entonces, y lo remedió con un curioso triple-doble (30 puntos, 20 rebotes y 10 asistencias) en el cuarto encuentro, para devolver el factor campo a su favor.
Un triple imposible de Jerome Pertin dejó helado el Eagle Complex en el quinto partido, y devolvió la eliminatoria a New York con la posibilidad por su parte de sentenciar en casa y llegar a la final de conferencia. Pero Wilton y Norman fueron demasiado para los Knicks en el último cuarto y cuando parecía que ya les tenían contra las cuerdas, hicieron resuscitar a los Wizards, dando un golpe moral que preparó el camino para ganar fácilmente el séptimo partido.
Los Wizards llegaban cansados a la final del este, donde les esperaban unos Legends que disputaban la primera de su no muy larga historia. Contaban en completar la sorpresa que había sido toda su temporada, pero sabían que delante había un rival mucho más experimentado y, sobretodo y más peligroso, el jugador más ambicioso de la liga y que aún no había ganado un anillo (Norman).
Ante el bajón de rendimiento que había ofrecido Wilton en los últimos partidos (tras haber sido el tercero más votado tras Lemmeis y Haykes por el MVP), Norman se puso el conjunta sus espaldas para ganar el segundo de los dos partidos disputados en Springfield. La eliminatoria se trasladaba a Washington, donde los Wizards pondrían un 3-1 casi definitivo. Pero resbalaron en el quinto y perdieron el sexto tras una impresionante prórroga de de Morrison y Haykes.Así se llegó a un séptimo encuentro de infarto, siendo conscientes en Washington de que los Lakers llevaban días descansando tras eliminar a los Nuggets y que, si llegaban, lo harían en un estado físico mucho peor que el de los angelinos.
Aquella fue otra gran noche de Randy, que recordó al de sus primeros años coqueteando con la media centena (48 puntos), a los que añadir unas brutales cifras en rebotes (22) y tapones (8), demostrando en ambas facetas que el mejor vino mejora conforme pasan los años.
Los Wizards pues ponían fin al sueño de la ciudad del Hall of Fame, que había asistido a la primera hazaña de la recién trasladada franquícia a la capital mundial del baloncesto. Serían Washington y Los Angeles las que disfrutarían de la finalísima de la NBA.
El primer partido fue un infierno para ambos. Los dos conjuntos que mejor atacaban de la liga jugaron a defender más que el rival, planteando el partido más feo que habían disputado en los últimos tres años y llevándolo a tres prórrogas de infarto que un Lyndon decisivo resolvió a favor de los Wizards con un tiro a falta de cinco segundos que los Lakers no pudieron contrarestar (Lemmeis estaba expulsado).
Este primer encuentro dio moral a los de Washington, que se veían capaces después de mucho tiempo de dudas de vencer a los Lakers y alejarles de su three-peat. La euforia ya se apoderaba de la capital cuando, en el segundo partido, Wilton y Norman les acercaban aún más al sueño.
Habían dado el golpe en Los Angeles, y la llegada a Washington por los tres siguientes partidos podía resultar decisiva para hacerse con el tercer campeonato. Pero Lemmeis realizó tres exhibiciones consecutivas (56, 61 y 58 puntos), si bien en el tercero su equipo no salió bien parado. Así se volvía a Los Angeles con los Wizards a un partido de hacer historia, y con Norman camino de un MVP de las finales que el estado físico de Wilton no le había permitido disputar durante aquellas últimas semanas.Lo que ocurriría en los dos siguientes partidos sería sin duda la historia más grande jamás presenciada en unas finales. Los Wizards parecerían una marioneta en las manos de Lemmeis en la paliza que sufrieron en el sexto partido, con el escolta llegando a los 77 puntos con suma facilidad y empatando las series, dando además la sensación de que todo aquello estaba premeditado de buen principio.
Resultó un golpe demasiado duro y, por tercera vez, los Wizards disputarían un gana o muere en aquellos Play-Offs. Mucho más lejos de lo que dos semanas antes, con la final a punto de empezar, muchos hubieran imaginado: llegar al séptimo partido. Aún así, sabía a poco dada la doble ventaja con la que habían contado.
Wilton conjuró a los jugadores que capitaneaba de la importancia que tenía aquel histórico duelo. Estaban a un solo paso de la gloria, y nadie recordaría aquel horrendo sexto partido si finalmente lo lograban.
Ambos equipos salieron a por todas y el juego ofensivo, acompañado de defensas que de buen principio parecían de último cuarto, fue la tónica dominante del partido. Lemmeis, Wilton, Norman, Bass, Lyndon...aquel día estos nombres debían sacar a relucir todo su potencial, y ninguno de ellos defraudaría en absoluto. Paralelamente, tenía lugar el apasionante duelo entre Shaw y Hinrich, dos maestros de los banquillos que se enfrentaban por segunda vez en tres años.
Con el marcador reflejando un apasionante empate a 109 se entró en los dos últimos minutos de un partido de infarto. Primero Wilton, luego Lemmeis, después Norman, más tarde Perkins...el encuentro ahora derivaba a un intercambio de canastas en un partido que, por trascendencia y vistosidad, parecía en aquel momento disputado por jugadores elevados a la categoría de dioses.
Los nervios se apoderaron de ambos conjuntos, que fueron incapaces de deshacer el empate durante los últimos cuarenta segundos, y se llegó con empate a 115 a la prórroga.
Wilton, Norman, Harrell, Gray y Lyndon formarían el quinteto que acabaría el partido por parte de los Wizards, mientras que los Lakers alinearían a Bass, Perkins, Lemmeis, Wells y Reid para el tramo decisivo del choque.El cansancio y los nervios hicieron acto de aparición ya después del salto inicial, y el marcador no se movía nada más que para un tiro libre y algún tanto de cuando en cuando. Los minutos dejaron paso a los segundos cuando Reid anotó un triple que dejó helados a los jugadores de los Wizards, atónitos ante la ventaja de dos puntos que ahora tenían los angelinos.
Tras el tiempo muerto, sacaron de medio campo y buscaron rápido a Wilton que encontró canasta ante la oposición de Bass. Lemmeis falló el siguiente ataque de los Lakers, y el pabellón se puso las manos en la cabeza al ver como Lyndon anotaba una canasta de cinco metros para poner a los suyos dos puntos por delante en el marcador.
Esta vez fue Shaw quién pidió tiempo muerto, para preparar un previsible triple de Lemmeis que el escolta logró anotar, poniendo a los suyos un punto arriba. Sería el siguiente, el último ataque de los Wizards, que lograron meter un balón interior que Wilton asistió a Norman ante la ayuda de Perkins. Mandaban por uno, pero aún restaban cinco segundos en el cronómetro.
Reid consiguió dar el balón a Lemmeis en un saque un tanto impreciso que casi acaba con balón robado por los Wizards. Marcus fintó por la derecha, dejó sentado a Harrell y se paró a un tiempo a cinco metros del aro. Wilton saltó a la ayuda para taponar un lanzamiento que jamás llegó a producirse...
Lemmeis le había fintado y, cruzando su pierna derecha con un largo paso, logró meter contra tablero y sobre el mismo sonido de la bocina el decisivo tiro que daba a los Lakers el tercer anillo consecutivo.
Norman, que había llegado tarde a intentar taponar el definitivo lanzamiento al venir del lado contrario, cayó al suelo y empezó a llorar desconsoladamente. Tampoco se levantaron Wilton y Harrell, sentados ante el espectacular movimiento con el que Lemmeis les había engañado, logrando arrebatarles el anillo que casi podían ver en sus dedos.
El público angelino estaba loco, viniendo de presenciar el mejor partido en la historia de las finales, que además había terminado como nunca lo había hecho una final de la NBA. En el último segundo, con el que empezaba a demostrar ser el mejor de la historia dejando en evidencia a dos grandes pívots como Wilton y Norman en la última jugada del partido.
Como pronunciaría un Battier emocionado al entregarle el trofeo a Lemmeis, sería difícil volver a ver algo similar a aquello, que sin duda fue un momento único e irrepetible en la historia de las finales. Una temporada, unos Play-Offs, una final, un tiro, que sin duda confirmaban a Marcus Lemmeis como uno de los mejores de la historia, habiendo ganado tres anillos en cinco años y dejado claro que ni Wilton ni Barson podían pararle.
Amado hasta un punto enfermizo por sus aficionados, aquel dominio incontestable le había hecho poco popular en el resto de ciudades que le habían sufrido en carne propia, habiendo sido Washington, sin duda, la más castigada de todas ellas. Así era Lemmeis, el más destacado de entre todos los aspirantes, el único que había logrado acercarse a la alargada sombra de Michael Jordan.
Wilton tardaría mucho en salir de aquel vestuario para enfrentarse a lo que le esperaba fuera. Norman tenía la moral por los suelos, no por haber llegado tarde a taponar un tiro intaponable que no parecía haber sido lanzado por un ser humano, sino por haber perdido la que creía que era su última oportunidad para ganar el ansiado anillo de campeón.Randy regresaría a casa un día más tarde que el resto de la expedición. Lo haría destrozado, y habiendo cometido un error irremediable que se había jurado que no volvería a cometer: haber dejado que el baloncesto volviera a ser la parte más importante de su vida, como le reprocharía su mujer en los siguientes días, preocupada por el estado de ánimo de su marido tras el brutal shock que resultó perder la final ante los Lakers.
Sunday, February 25, 2007
Wilton X
El fracaso de la temporada anterior hizo levantar muchas dudas entorno a un proyecto basado en jugadores veteranos, que poco podían hacer ante la frescura mostrada por los Lakers el año anterior.
La prensa especializada coíncidia en apuntar que ambos proyectos era de lo mejor que había visto la liga en su historia, dos plantillas muy equilibradas y que desplegaban un juego sin precedentes en los más de ochenta años de vida de la NBA. Boston, New York y Seattle quedaban un paso por atrás de estos dos gigantes, siendo plantillas de un gran nivel pero sin contar con el poder suficiente para hacerles la competencia.
Se avecinaban cambios en Washington, que sin embargo no tuvieron lugar en vísperas del Draft. Así, Skiles aprovecharía sus rondas para elegir a Takeshi Nakano, el tres veces MVP de la liga japonesa y por el cuál, aún su calidad, nadie se había arriesgado más arriba del número 31. También llegaría Melvin Sharp, procedente de la universidad de George Washington.
Aaron Brown abandonaría el equipo para ser el líder de los deprimentes Clippers. Esto permitiría a los Wizards pujar por Norman, legendario jugador de Dallas al que solo le faltaba el título para culminar un gran currículum. Llegaba a Washington para conseguir lo que ni Pacers ni Mavericks le habían podido dar, por culpa de Wilton precisamente en alguna ocasión...Cerraría así una plantilla de lujo a la que debía exigirsele el máximo en temporada regular y Play-Offs. Hinrich tenía a su disposición un quinteto de nivel All-Star y suplentes de lujo para dar frescura al juego de Washington, cuya forma de ver el baloncesto empezaba a cuajar en la liga y, por lo tanto, debían elevar la fórmula a otro nivel para seguir siendo competitivos.
Wilton dedicó el verano a sus hijos, como el último. Se aíslo completamente del entorno de la liga, otra vez, y se pasó las vacaciones en casa, a excepción de una escapada caribeña de una semana.
Mientras tanto, sus rivales preparaban a consciencia la nueva temporada. Barson, Jerretts, Stamp y, en definitiva, la plantilla de los Celtics al completo, pasaron el verano entrenando para volver a ganar el anillo dos años después. Willie, como Wilton, era consciente de que sus tiempos como líder de un equipo campeón tocaban a su fin, y quería aprovechar las últimas oportunidades que se le brindaban.
Lemmeis se concentró en los Juegos Panaméricanos con el Team USA, arrasando a todo rival que se le ponía enfrente. Además, los Lakers que lideraba junto a Bass y Reid vencieron al CSKA de Moscow ruso en la primera copa mundial que disputaba la franquícia, campeona el año anterior por primera vez desde que se jugaba la competición intercontinental.
Bullock reforzaba sus jovenes músculos de 22 años en vistas a posteriores duelos de Play-Offs ante su ídolo y máximo rival, Randy Wilton. Toda la prensa hablaba del jugador de cuarto año como el sucesor natural en lo que al mejor pívot de la liga se refiere. Bullock era plenamente consciente de ello, y más que asustarse por la presión que conllevaba, aquello le motivaba aún más a querer vencerle.
Así pues, los Wizards no lo tendrían ni mucho menos fácil en su búsqueda del tercer anillo de la historia de la franquícia. Estos y muchos otros grandes equipos se perfilaban como los máximos rivales en esta carrera hacia un anillo que estaba más caro que nunca.
Empezó la temporada sin muchas sorpresas. Los grandes estaban arriba, los aspirantes al premio hacían números de MVP, UltimateNBA recibía más visitas que ESPN y la Euroliga seguía un paso por atrás. Sí, todo normal por el momento.
Los Wizards de Hinrich exhibían un juego más solidario, con responsabilidades más repartidas y Wilton librado de anotar más de treinta puntos por noche aunque, en la mayoría de los casos, lo seguía haciendo. Los cinco titulares de Washington se perfilaban como candidatos a ser All-Star aquel año, hecho que, de darse, no hubiera tenido ningún precedente en la historia de la liga.
Con treinta años a sus espaldas, Randy empezaba a ser consciente que su juego debía de cambiar. Aún seguir siendo dominador bajo los tableros (era por el momento el máximo reboteador y taponador), cada vez más le costaba correr la pista como antaño, armar el brazo para tirar de lejos o llegar a las ayudas del lado contrario del poste. En definitiva, aún de forma muy sútil e invisible a ojos del público en general, por primera vez sentía que iba a menos.
Aquello era algo que no recogían sus números, ni el récord del equipo, que era el mejor de la liga y a mucha distancia de ventaja respecto a Celtics y Knicks, sus máximos rivales en la conferencia.
Nada cambiaba a medida que la temporada se acercaba a su ecuador, y aquellos Wizards que parecían tapados por el poder mediático de los Lakers seguían siendo el equipo a batir para todos.
El único signo de movimiento lo dieron los Springfield Legends, que se hacían en traspaso con uno de los mejores aleros de la liga, David Haykes, de los Golden State Warriors. Aparte de esto, no hubo ninguna destitución ni otro movimiento destacable fuera de lo normal ya bien entrado el año 2030.
Llegaba el All-Star de Indiana y los Wizards a punto estuvieron de colar a sus cinco All-Stars. Harrell quedaba fuera de una histórica convocatoria para la franquícia de Washington, que además aportaría su entrenador Hinrich a la causa. Así pues, se repetiría el duelo vivido dos años atrás en Chicago, con Hinrich y Shaw sentándose en los banquillos de las conferencias este y oeste respectivamente.
Wilton saldría de titular junto a su compañero Norman, Haykes (Springfield), Barson (Boston) y Fox (Miami). Bullock (New York), Stewart (Philadelphia), Callaghan (Orlando), Merton (Charlotte), Fortson (Milwaukee) y sus compañeros Layne y Lyndon serían los elegidos para salir desde el banco.
Por su parte, el oeste presentaría una alineación formada por Bass (Los Angeles), Arison (Houston), Sanders (San Antonio), Lemmeis (Los Angeles) y Acklie (Seattle). Shaw dispondría de Santos (Las Vegas), Gardner (Utah), Parker (Denver), Djeric (Phoenix), Van Fyde (Oklahoma City), Pirtsmouth (Vancouver) y Gullitt (San Antonio) como reservas a repartir minutos junto a los titulares.
El partido dejaría mucho que desear, con el este dominándolo de principio a fin. Haykes sería el mejor de los suyos con 36 puntos, y se llevaría un merecido MVP que solo luchó Lemmeis por el oeste (38 puntos, insuficientes visto el marcador: 157-125).
Disputado el partido de las estrellas el ambiente de Play-Offs, más presente que nunca en los sesenta partidos anteriores, se respiraba con muchísima fuerza. A la hora de la verdad se demostraba quienes valían para luchar por el campeonato y a quienes la historia dejaría atrás.
Washington fue el primero destacado en su conferencia y le tocaría emparejarse con los Cleveland Cavaliers, clasificados para los Play-Offs en el último momento en detrimento de los Chicago Bulls.
El primer partido lo dominó Washington de principio a fin, y lo mismo ocurría con el segundo pero...ocurrió lo peor que podía ocurrir.
Wilton se lesionó de gravedad en la espalda tras una espectacular caída luchando con un rebote con el pívot de Cleveland, Eddie Banner. El diagnóstico era grave, y Randy tendría que pasar por quirofano de inmediato. Así pues, los Wizards perdían a su estrella cuando con más fuerza estaban luchando por el anillo.
Aún su baja, la plantilla se conjuró para ir a por el campeonato. Resolverían por 4-2 la eliminatoria ante los Cavs y se encontrarían con la papeleta de enfrentarse a los Knicks en segunda ronda, al haber sido el equipo neoyorquino superado por los Legends en la clasificación final de la conferencia este.
Norman, Harrell, Layne y Lyndon sacaban lo mejor de sí mismos, pero la edad de algunos (Layne y Norman) y la inexperiencia de otros (Harrell y Lyndon), chocaron ante el hambre de hacer algo grande del gigante de los Knicks, Jamal Bullock, que caminaba a pasos de coloso hacia el olimpo de la histórica franquícia, que ya cuestionaba a Reed y Ewing como los mejores jugadores de su historia.
En un drámatico séptimo partido, Gray fallaba el triple que hubiera llevado el partido a la prórroga y los Wizards se despedían amargamente del año 2030 con el sabor de boca que, de habre estado Randy, hubieran podido ganar el campeonato.
Los periodistas tuvieron en cuenta su condición de tercer máximo anotador, máximo reboteador, máximo taponador y líder de la mejor franquícia del año para entregarle el que significaba su cuarto MVP de la temporada regular. Era el que le sabía a menos de todos los que había ganado, pues todos los demás habían ido acompañados de un campeonato de la NBA.
Aún poner Bullock todas sus energías, la mística céltica acababa con ellos en las finales del este, y se plantaban en la gran final ante unos Lakers que se habían deshecho con suma facilidad de los San Antonio Spurs.
Una final entre Lakers y Celtics, sin duda la guinda para una temporada que algunos expertos tildaban como una de las mejores de la historia de la liga, gracias al juego exhibido por Lakers, Rockets, Spurs, Celtics, Knicks y Wizards, sobretodo, entre otros.
Recién operado, acompañado de su mujer y sus hijos de dos años, y en la cama de un hospital, Wilton asistió al segundo campeonato logrado por Marcus Lemmeis. En la que posiblemente fuera la última oportunidad de Barson, con una conferencia este dominada por pívots, el joven escolta lograba su segundo anillo y con la perspectiva en mente de todos de que iba a ganar muchos más.
Triste final para otra temporada que se prevenía gloriosa para Wilton y sus Wizards. Le esperaba otro verano descansado, esta vez por obligación, y el contar con un año más cuando su salud le permitiera volver a luchar por su cuarto campeonato.
