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Wednesday, September 13, 2006

Lo que yo viví: Temporada 03-04

La mayor decepción de la historia; el gran año de Garnett; Bad is Back, sorpresa en las finales; la batalla entre Lebron y Carmelo

Con los Spurs de nuevo con el campeonato quedaba en el aire el futuro de la pareja Bryant-O'neal, y como afectaría a la liga su ruptura. Lejos de desear esto los Lakers parecían dispuestos a moverse contra viento y marea (¿alguien dijo el efecto mariposa?) para volver a armar un conjunto dominador.

En un verano en que asistí al último campus de federación al que fuí como jugador, la NBA se preparaba para recibir a su dulce paraíso una nueva generación de jugadores que pretendían dominar la liga en un futuro próximo, lo que podría llamarse como el relevo.

Jordan anunció su retirada tras confirmar al mundo que su inmortalidad era limitada y que, tarde o temprano, los gigantes caen. Sólo O'neal y Duncan hasta el momento habían ganado el anillo tras la última conquista de los Chicago Bulls y muchos eran los aspirantes a relevarles en esa gesta. Pero, antes que nada, toca hacer un repaso al mejor Draft (junto el 96) al que he asistido.

Justo saberse que disponían del número 1, los Cavaliers hicieron evidente que su objetivo no era otro que Lebron James, dejando la noche del Draft huérfana de sorpresas. La nota la dieron los Pistons con la elección en el número 2 de Darko Milicic, el europeo hasta el momento elegido en un número más alto y que prometía altas prestaciones. En tercer lugar los Nuggets eligieron al campeón de la NCAA con Syracuse Carmelo Anthony, sin duda mucho más seguro que el jóven gigante serbio-montenegrino. Chris Bosh (4) de Georgia Tech llegó a Toronto, mientras que Dwyane Wade (5) era la elección de Pat Riley para sus Heat, cerrando el mejor Top 5 que he tenido el honor de recordar hasta el momento.

Los diez primeros puestos se completaron con la elección de Chris Kaman (6) por los Clippers, la incorporación de Kirk Hinrich (7) a los Bulls, el cierre del fichaje de TJ Ford (8) por los Bucks, la llegada de Mike Sweetney (9) a los Knicks y el ver a Jarvis Hayes (10) llegar a Washington.

No fueron estas las únicas perlas de un Draft que incluyó otros nombres a destacar a día de hoy, como Luke Ridnour (14) que se unió a los Sonics, David West (18) a los Hornets, Boris Diaw (21)a los Hawks y Josh Howard (29) a Dallas, un robo en mayúsculas aunque más lo fue en mi opinión Maurice Williams (47) que llegó a Utah.

Con estas destacables incorporaciones no acabó aquel verano, pues aún quedaba un duro mercado de traspasos y agentes libres. En el capítulo de incorporaciones destacar los fichajes, sobretodo, de los Lakers, que se hacían con dos veterano de lujo al dar la bienvenida a Gary Payton y un Karl Malone que iba a por el anillo que se le había resistido en Utah. Lo mismo buscaba Olowokandi en Minnesota, mientras Robert Horry iba a la caza de nuevos retos en San Antonio. Lamar Odom y Andre Miller abandonaban los Clippers por Heat y Nuggets al ver como no igualaban su oferta, pero si la de Maggette y Brand que tenían contrato con Utah y Miami, y Gilbert Arenas se decidía por Washington gracias a la suerte de una moneda; no hace falta decir que el azar quiso que no fueran los Clippers los que se hicieran con sus servicios.

Además de todo esto hubo algún traspaso destacado que para no aburrir resumiré de forma rápida y con los jugadores principales y sus destinos. Uno de ellos llevó a Van Horn a los Knicks, Glenn Robinson a los Sixers y Sprewell a Minnesota. El segundo acabó con Jamison en Dallas y Van Exel en Golden State. El tercero llevó a Brad Miller a Sacramento a cambio de Turkoglu y Pollard básicamente y un cuarto acabó con Lafrentz en Boston a cambio de Walker, en una elaborada prueba a la inteligencia que Ainge pasó sin éxito.

Así se llegaba a una temporada de cambios, en la que vimos desaparecer del mapa NBA dos jugadores que, si no voy mal entendido, ninguno de mis visitantes recordaba haber visto llegar a la liga: Stockton y Jordan, el primero de los cuáles fue cubierto por mi gran ídolo del baloncesto español (Raül López).

Los Lakers eran los favoritos antes de empezar la liga, gracias al impacto mediático de sus fichajes y la calidad que ya de por sí rebosaba la plantilla. Añadéle a todo este glamour a Phil Jackson, y alzad el dedito todos aquellos que por un momento dudásteis, antes de empezar la temporada, que se llevarían el anillo.

Aún así había en el oeste rivales a tener en cuenta como eran los vigentes campeónes (San Antonio), los Dallas Mavericks, los Sacramento Kings y, últimos pero no menos importantes, los mejores Timberwolves de la historia. Estos eran los que aspiraban a ganar el anillo en una conferencia en que los Grizzlies podían empezar a sacar pecho y no teme a nadie, pues con la llegada de Posey (aquel que en su día fue considerado jugador franquícia) lograron un buen equilibrio en su plantilla.

Por parte del este destacaban unos Nets que ya no sorprendían a nadie, unos Pistons que cada año subían un escalón, los Pacers de Miller y O'neal...también Philadelphia, Orlando, Toronto y Miami podían ofrecer algo bueno, aunque con ellos se albergaban más dudas al respecto.

Duncan, O'neal, Bryant, Garnett, Webber...incluso Nowitzki podían disputar el MVP, que de no acabar en el oeste iría para Iverson, Jermaine, Kidd, McGrady y también Carter si se ponía manos a la obra.

Empezaba la liga en que la fiebre amarilla, y no los vigentes campeones, eran el rival a batir. Aún la baja de Malone seguían pecando de favoritos cada noche en que saltaban a cancha para disputar su duelo. Y no únicamente la lesión del cartero afectaba la dinámica del equipo, pues la acusación que afectó a Bryant en aquella temporada puso aún en más aprietos al equipo que con gran maestría dirigía Phil Jackson.

Situaciones inversas vivían Jazz y Grizzlies, equipos en los que jugaban Raül y Pau. El primero luchaba, tras muchos años estando, por llegar a unos Play-Offs que prometían ser complicados. El base tenía buenos minutos, y poco a poco se adaptaba al ritmo de la liga. En lo que a los de Memphis se refiere, veían con esperanza la posibilidad de llegar a ellos por primera vez en su historia.

En cuánto a los rookies Lebron y Anthony mantenían un duelo en el olimpo como no se recordaba en muchos años. Los dos querían llegar al All-Star, llegar a los Play-Offs y conseguir el rookie del año. De las tres ansiadas metas una sóla fue saciada por cada uno, la tercera de ellas con polémica en contra del ganador.

Previo al All-Star tuvo lugar un traspaso que echó a perder toda mi cantidad de votos a favor de Marbury. El mejor base de la liga llegaba traspasado a los Knicks a cambio de poco más que McDyess y junto a Penny Hardaway. Si ya tenía en el oeste pocas esperanzas, con menos contaba en el este, pues las posiciones exteriores estaban excelentemente cubiertas por aquel entonces.

Así se llegó a un All-Star, el de Los Angeles, que más bien poco tuvo de glamouroso. Con Lebron, Wade y Anthony jugando la pachanga de los rookies y siendo aniquilados por Stoudemire y amigos, el partido menos serio del año se convirtió en un improvisado concurso de no mucha mayor calidad. En cuánto a triples y mates, no era precisamente mi sueño ver ganar a Voshon Lenard y Fred Jones, que aguaron la fiesta a aquellos que deseabamos el triplete de Stojakovic y Richardson. Y especial ilusión no me hacía el ver debutar a Magloire y Artest en el partido, o la vuelta de Brad Miller por segundo año consecutivo.

Mucha novedad, aunque de mal gusto, tuve que aguantar en aquel partido. Así quedaron fuera en el este gente como James, Odom o Marbury para hacer sitio a los arriba nombrados, Redd y Martin, como novedades, aparte de típicos como Wallace, el otro, Iverson, McGrady, Carter...En el oeste tambien cantaban un poco las selecciones de Kirlenko o Cassell, aunque eran sin duda más de mi gusto.

Así se presentaba un partido en el que beatifiqué a O'neal y le dediqué dos oraciones, pues evitó la mayor de las catástrofes que la NBA pudiera haber presenciado jamás: Magloire como MVP del All-Star, en el que fue el segundo máximo anotador del este. Menos glamour imposible, de las peores experiencias que este glorioso fin de semana me ha llegado nunca ha ofrecer.

Antes de finalizar el período de traspasos, los Hawks enviaron a los Pistons aquel jugador que les había llegado vía Rattliff y Abdur-Rahim: Rasheed Wallace, un hombre que sin saberse por aquel entonces sería el jugador clave de la temporada 2003-04. Así mismo los Knicks enviaban a Van Horn (menudo sangre de orchata) a los Bucks a cambio de Tim Thomas.

La regular season terminó con la lectura fácil de unos Lakers que decepcionaban, unos Pacers a los que Carlisle les habia dado alas y unos Timberwolves que, por fin, parecían ir en serio a por el anillo. Fue además triste ver llegar a los Celtics a la postemporada con un récord pésimo de 36-46, teniendo en cuénta que los Jazz se quedaron fuera en la otra conferencia; su balance era de 42-40. Aunque por decepción la de los Magic, 76ers, Raptors y Blazers, equipos a los que muy pocos veían fuera de los Play-Offs.

En el oeste los Timberwolves (58-24) terminaban por 4-1 su série ante los Nuggets del que había sido, al menos merecería haber compartido, el mejor rookie del año, Carmelo Anthony, pasando por fin de la maldita primera ronda de Play-Off. Por el mismo resultado los Kings echaban a unos Mavericks que desde que llegaron en el 2001, nunca habían durado tan poco en Play-Offs, y los Lakers hacían lo mismo ante los Rockets de Francis y Yao. Se me olvidaba decir, como muchos habreis notado, que los Grizzlies inauguraron su marca negativa ante los Spurs, al caer 4-0 en su primer partido más allá del 20 de abril.

Mientras tanto en el este Pacers (61-21) y los Nets presentaban su candidatura al eliminar a Celtics y Knicks respectivamente. Los Pistons sólo cedieron un asalto ante los Bucks y Miami hizo gala de coraje para eliminar en siete partidos a los Hornets, en la presentación en sociedad de un jugador único: Dwyane Wade.

Llegó la segunda ronda y los Lakers apartaron de su camino a los Spurs (4-2) para poner las cosas en su sitio. Los Kings hacían valer calidad e historia para llevar a los Wolves del MVP a siete partidos, cayendo con el honor que su leyenda a principios de milénio merecía. Los de Minnesota habían logrado salvar el segundo escalón, pero lo más complicado aún estaba por llegar...

Mientras tanto los Pistons se vengaban en siete partidos de la anterior final de conferencia, dejando en la cuneta unos Nets que no podían alargar su dominio en la hermana pobre de la liga. Por su parte, Wade se erigió como el líder del equipo de Jones y Odom para llevar a los Pacers hasta seis partidos que acabaron resolviéndo a su favor los antiguos discípulos de Larry, que se veían más cerca que nunca de traer el anillo a Indianapolis. Una bonita historia la de Flash, que tan sólo tardaría dos años en llevar a los Heat al olimpo.

Llegaron las finales de conferencia en dónde los Pistons sorprendieron a unos Pacers que sólo pensaban en la final, subestimando aquel equipo hecho a base de trabajo y sacrificio y en el qué, por qué no decirlo, sobraba más calidad de la que se creía. Mientras tanto pasado y futuro se la jugaban en Minneapolis, siendo el menos esperado, Derek Fisher, el que apartó a los lobos de la prometida gloria, y llevar a los Lakers a dónde nadie debía haber dudado que llegarían.

Cómo ya conté en una ocasión, después del espejismo que para mi fue el primer partido, me fuí tranquilo a Londres sabiendo que Bryant había impartido justícia, y que el anillo, el número quince, iría para California. Me conecté a Internet un día antes de volver a casa, para ver un sonriente Chauncey Billups con un premio por el que nunca hubiera apostado ni el mismo.

El avión llegó a Barcelona y mi cabeza estaba aún pendiente de confirmar aquello, como si no pudiera creer que había ocurrido. Pero puse el vidéo y allí estaba, el triunfal paseó que se brindaron los Pistons en el quinto partido, del que mi consciencia sólo pudo tragar el cuarto período, pues el resto no quería ni verlo. Un trágico final que demostró la calidad del trabajo de equipo por encima de las individualidades. Una bonita lección que bien les vendría a un equipo nacional en concreto...

Aquello acabaría con el traspaso más grande jamás contado, pero no toca hoy recordarlo. El Dream Team amarillo no llevaría a Jackson a la cima de la historia, ni a los Lakers a acercarse a los verdes, pues Red y los Celtics aún velan para que nadie les alcance.

Kevin Garnett consiguió un MVP que prima una gran trayectoría, a la que sólo le queda un hueco por llenar. Lebron James (Cleveland) se convirtió en el discutido rookie del año en una temporada que contó con tres jugadores novatos que ya ahora indican que van camino del Hall of Fame. Ron Artest (Indiana) fue el mejor defensor rompiendo la dinastía de Ben, Zach Randolph (Portland) fue el jugador más mejorado y Antawn Jamison (Dallas) el mejor sexto hombre. El premio al mejor técnico se largó a Memphis, siendo para mi merecido sin duda por Saunders. Hubie Brown (Memphis) se colgó la medalla al reparto de minutos y la igualdad de unos jugadores que no merecían porqué tener los mismos derechos. La paliza ante San Antonio no fue más que una lección, la primera de las dos que posteriormente recibirían.

Por mi parte destacar que estaba a punto de vivir mi primer verano en New York City, además de una fantástica ruta por Canadá. Me saqué el título de iniciación como entrenador, y tenía como objetivo jugar en categoría preferente, sueño que se esfumó al perder en las fases de la manera más tonta. Tendríamos que esperar dos años para llegar hacia aquel objetivo que perseguíamos con el equipo, aún ver cómo aquel que nos había derrotado quedaba segundo de su grupo. Injusticia o desgracia con el sorteo, sólo nos queda saber que hubieramos podido competir sin problemas.

Felicidades a los que habéis llegado al final del rollo, hoy ha sido de aquellos días en que todo salía rápido y me era placentero el ir escribiendo. Un honor estar un día más con todos vosotros, gracias por hacer de taylorwolves una actividad agradable de realizar día tras día.

Thursday, September 07, 2006

Lo que yo viví: Temporada 98-99

El cierre patronal; la retirada del más grande; el fin del sueño en Salt Lake City; la hazaña de los New York Knickerbockers

Pues sí, es tal como lo habeis definido algunos en el post anterior, ya nada volvería a ser igual. El más grande desmentía los rumores de un cambio de aires (New York Knicks) junto a Phil Jackson y anunciaba su segunda retirada del baloncesto profesional, dejando a muchos huerfanos de ídolos a los que seguir.

La nueva hornada de jugadores llegaba vía Draft al mismo tiempo que se alargaba el mal rollo por un posible cierre patronal, al no llegar un acuerdo jugadores y propietarios. Michael Olowokandi, de Pacific, era elegido número 1 del Draft por Los Angeles Clippers, seleccionando así un pívot del que se esperaba un impacto a lo Olajuwon, Robinson o O'neal, siendo más bien un Muresan, Bradley o, siendo generosos, Olden Polynice.

Le seguiría la elección de Vancouver, Mike Bibby, a su vez secundada por la de los Denver Nuggets, Raef LaFrentz. En el cuarto y quinto puesto tenemos un clásico de la historia de la liga, los Warriors intercambiando jugadores y saliendo perdiendo con ello: enviar a Vince Carter a Toronto por su compañero en North Carolina, Antawn Jamison. Visto desde ahora, gran error el de los Bucks, que prefirieron a Robert Traylor (6) al germano Nowitzki (9), que hubiera pegado mucho mejor en la ciudad de Wisconsin. Jason Williams (7) a los Kings, Hughes (8) a los 76ers, Pierce (10) a Boston y Wells (11) a Portland, fueron otras de las elecciones destacadas. Y algún que otro robo: Ricky Davis (21) a Charlotte, Al Harrington (25) a Indiana, Rashard Lewis (32) a Seattle y Cuttino Mobley (41) a Houston. Desde la perspectiva actual, un Draft de gran calidad.

Al tiempo que seguían las negociaciones, y parecía claro que la liga no se iniciaria en noviembre, hubo los clásicos movimientos veraniegos que cada año se dan en la NBA. En la misma madrugada del Draft, los Lakers enviarian a Nick Van Exel a Denver, en un traspaso a cambio de derechos en segunda ronda que dejarían muy descontento al jugador. Scottie Pippen se dejaba querer por Suns y Blazers pero acababa escogiendo los veteranos Rockets como su destino, y Kings y Wizards cambiaban cromos con el traspaso de Webber por Richmond.

Llegó el año nuevo y el NBA Live 99 con Antoine Walker en la portada fue uno de los juegos más regalados por navidades; era lo más cerca de la liga que sus aficionados podían estar en aquel momento. Después de mucha tensión, reuniones, desacuerdos, la asociación de jugadores que lideraba Patrick Ewing y el conjunto de los propietarios llegaban a un acuerdo, y la liga podía empezar en febrero. Se canceló el All-Star de Philadelphia y se redujo el calendario de 82 a 50 partidos de temporada regular.

Sonó el primer pitido inicial y dio comienzo a la liga del asterísco, tal y como la bautizo Phil Jackson. Ya no eran los Bulls el rival a batir, ahora ellos jugaban en la liga de Grizzlies y Clippers. Los máximos aspirantes al anillo menos valioso de la historia de la liga eran los Utah Jazz, parecía que aquel era su año. Tambien Lakers, Spurs y Rockets contaban como aspirantes, e incluso Sonics, Suns y Blazers un escalón por debajo. En el este todo el mundo daba como favoritos los Heat de Riley y los Pacer de Bird, si bien Knicks, Hornets, Hawks o Pistons estaban capacitados para sorprender.

Malone era el máximo favorito, aunque O'neal, Hill, Hardaway, Garnett y el jóven Duncan estaban preparados para presentar candidatura al premio que todos ellos deseaban junto al anillo: el MVP.

A medida que avanzaba la liga, se destapó la calidad de los movimientos veraniegos, de aquel largo verano del 98 (hasta enero). En muy positiva se convirtió la llegada de Sprewell a los Knicks, siempre que Van Gundy mantuviera su cuello fuera de su alcance, mientras los Lakers cortaban decepcionados al recién llegado, con cinco anillos, Dennis Rodman. Precisamente los Lakers fueron protagonistas de uno de los traspasos más importantes de la temporada, que trajo Glen Rice a la ciudad angelina a cambio de Eddie Jones, que se fue a los Hornets. El otro traspaso destacable, es el que nos privó de la magia de Marbury, enviado a los Nets que, a su vez, enviaron a Cassell a los Bucks. Gracias McHale, se dijo en Minnesota, por traernos a Terrell Brandon.

Sorprendentemente, el jugador de los 76ers con sólo tres años en la liga, Allen Iverson, fue el máximo anotador de aquel campeonáto. Le seguirían O'neal, Malone, Abdur-Rahim y...¡Van Horn!

Heat, Pacers, Spurs y Blazers acabaron como líderes de sus respectivas divisiones, llegando con ello a una postemporada que, a diferencia de su precedente, no se vio recortada de partidos. Heat-Knicks, Hawks-Pistons, 76ers-Magic y Pacers-Bucks eran los emparejamientos en la costa este. Spurs-Wolves, Lakers-Rockets, Jazz-Kings y Blazers-Suns era lo que había quedado en el oeste; la suerte estaba echada, en unos Play-Offs en los que yo destacaría la ausencia de Hornets, Cavaliers y, por encima de todo, Sonics.

Indiana fue el único equipo que consiguió barrir a su rival (Bucks), mientras Iverson cedía un sólo pulso ante una leyenda de los noventa al que estaba a punto de dejar atrás, Penny Hardaway. Grant Hill puso en aprietos a los Hawks, y a punto estubo de lograr su primer pase a segunda ronda, mientras Knicks y Heat volvieron a convertir en infierno su particular duelo, que acabó resuelto a favor del octavo clasificado en el este, New York Knicks.

En el oeste sólo Portland se mostró sólido ante su rival, los Suns, que no pudieron pararlos. Minnesota y Houston ganaron un partido ante Spurs y Lakers, que pasaron a segunda ronda, y los Jazz tenían problemas para superar a unos jóvenes Kings en su primera experiencia de Play-Offs como conjunto.

En segunda ronda Indiana, New York y San Antonio barrieron a sus respectivos rivales (Philadelphia, Atlanta y Lakers). A su vez, Stockton y Malone veían como volvían a perder el tren en la misma estación, al caer por 4-2 en la eliminatoria ante los sorprendentes Blazers, cuyo quinteto daba para esto y más: Sabonis-Grant-Wallace-Rider-Stoudamire. Vencían a los Jazz y llegaban a su primera final de conferencia desde tiempos de Clyde Drexler.

Una vez allí no pudieron con los Spurs (4-0), pero jugadores y propietario (Paul Allen), se conjuraron para traer el segundo anillo de su historia a la ciudad de Oregon, el año siguiente. Indiana se vio arrollada y sorprendida por la fuerza del que fuera el octavo clasificado del este, y los Knicks (4-2), llegaron al gran escenario, en el año menos esperado por todos.

La historia dirá que de haber jugado Pat Ewing, otro gallo hubiera cantado. Aún así, después de perder sólo un partido (4-1), el segundo en todos los Play-Offs, los San Antonio Spurs lograban su primer anillo de la NBA. Lo celebraron en un escenario de ensueño: el Madison Square Garden, en el corazón de la gran manzana.

Aún así, la hazaña que aquel año consiguieron los Sprewell-Houston-Johnson-Camby-Ward y, por supuesto, el jamaicano Pat Ewing, no sería olvidada. Pero el anillo se lo llevarían, por primera vez en su historia, los Spurs de Robinson-Duncan-Elliott-Ellie-Johnson...

También cabe destacar, que fue el cuarto consecutivo de Steve Kerr, todo un hito para la historia.

Tim Duncan, en su año sophomore, volvería a entrar en el equipo ideal de la liga, y recibiría el premio a MVP de la final como líder de los Spurs. Es la pequeña porción del pastel, que el almirante tuvo que sacrificar para alcanzar la gloria. Junto a él entraron cómo protagonistas de aquella temporada del lock-out, el rookie del año: Vince Carter (Toronto Raptors); el mejor defensor: Alonzo Mourning (Miami Heat), y segundo más votado por el premio MVP de la temporada; el mejor sexto hombre y jugador con mayor progresión: Darrell Armstrong (Orlando Magic) y el merecido mejor técnico, Mike Dunleavy (Portland Trail Blazers).

Fue una temporada diferente para la liga, que cambió completamente el destino de equipos que iban hacia arriba (Spurs, Blazers y Knicks) y el de otros que decaían, capitaneados por los Utah Jazz.

Y para mí, tan sólo una temporada entera jugando y disfrutando del baloncesto, y siguiendo cada día más la actualidad del sueño que tenía lugar en el otro lado del Atlántico.

Tuesday, September 05, 2006

Lo que yo viví: Temporada 96-97

El quinto anillo de Jordan y los Bulls; el año en que el cartero entró en la historia; nuevos aires para Lakers y 76ers; la exhibición de Glen Rice

Ojeando mi primera revista sobre la liga, el número 2 de American Basket, te das cuenta del tiempo que ha pasado: Jordan en portada celebrando el quinto anillo, las zapatillas Fila de Grant Hill entre el calzado más destacado, la camiseta de Schrempf entre las comprables por télefono, sin ninguna referencia de página web.

Sí, realmente ha pasado mucho tiempo de todo aquello, nada menos que diez años. Por aquel entonces yo comenzaba mi andadura en el maravilloso mundo del baloncesto y Tim Duncan aún defendía los colores de Wake Forest University. Él tambien vivió de cerca aquel quinto campeonato de los Bulls, que perderían sólo 13 partidos en temporada regular, quedando a tres derrotas del récord que el año anterior habían establecido para la historia.

El Draft inició, como lo hace cada año, el campeonato; aquel fue especial. Los 76ers de Philadelphia se valieron del número 1 para elegir a un conflictivo jugador enclenque de la universidad de Georgetown: Allen Iverson. Le seguírian por orden de selección jugadores que, como él, tambien dejarían su huella en la liga: Marcus Camby, Shareef Abdur-Rahim, Stephon Marbury, Ray Allen, Antoine Walker, Kobe Bryant, Peja Stojakovic, Steve Nash, Jermaine O'neal, Zydrunas Ilgauskas, Derek Fisher...El mejor que he vivido, seguro, junto con el del 2003.

Los Bulls eran el rival a batir. Heat, Knicks y Hawks aspiraban a destronarle en la conferencia este, y Sonics, Rockets, Jazz y unos Lakers que se habían hecho con los servicios de Shaquille O'neal los rivales más peligrosos en el oeste. Algunos de los jugadores a seguir eran, como cada año, el mismo O'neal, Robinson, Olajuwon, Ewing, Mourning, Kemp o Malone, y exteriores de gran calidad como Penny Hardaway, Grant Hill, Gary Payton...ah, se me olvidava, y Michael Jordan.

La lesión de David agotó las opciones de San Antonio para ser aspirantes, aunque como todos sabemos traería consigo algo muy bueno.

Llegó el momento que gente como yo espera con gran deseo: el All-Star Game de Cleveland. Sprewell de los Warriors fue el máximo anotador del oeste (120), que poco pudo hacer ante la conferencia este (132) en que, de todos los nombres, algunos de inesperados destacaron: Vin Baker, Penny Hardaway y, gracias a un gran cuarto, Glen Rice. Allí se dio a conocer la personalidad de dos jugadores que aún hoy en día dominan la liga. Allen Iverson fue silbado al recoger el premio MVP del partido de rookies, mientras que Kobe Bryant se llevó el gato al agua al convertirse en el campeón del concurso de mates; hoy día, seguramente, en Cleveland van a silbar a los dos.

Sabia es la naturaleza, y seleccionó a los mejores para el momento cumbre de la temporada, dejando atrás aquellos indignos de jugar los Play-Offs. En el este Chicago venció con comodidad a Washington en la última postemporada Bullet, barriendo como lo había hecho el tercer clasificado, New York Knicks, ante los Hornets. Con más dificultad, en el quinto partido, Miami y Atlanta finiquitaban a sus rivales, Orlando y Detroit respectivamente. ¿Alguien recuerda a Grant Hill y a Penny en segunda ronda? Del segundo sé seguro que llegó, aunque no conmigo como aficionado en la liga.

En el oeste se repitió la tónica, y el primer y tercer clasificado (Utah y Houston) no tuvieron problemas en acabar por la vía rápida con Clippers i Wolves en primera ronda. Era la primera de muchas ocasiones cayendo en primera ronda. En cuatro partidos los Lakers acabarían con los Blazers, rompiendo una larga serie de años nefastos para la franquícia angelina, y en el quinto los SuperSonics eliminaron a los Suns.

Llegada la segunda ronda, Chicago tuvo un sólo problema para eliminar a Atlanta y Miami resolvía el primer set en cuatro años contra los Knicks a su favor, en un fatídico séptimo partido. Aún no sabían que los Knicks se vengarían de aquellos en tres ocasiones.

Como los Bulls, los Jazz no tuvieron problemas para sacar a los Lakers de su camino hacia la final, y esperaron tranquilamente al que sería su último obstáculo: Houston o Seattle, rivalidad que se alargó hasta el séptimo partido, y que se resolvió a favor del cementerio de elefantes (Drexler, Olajuwon y Barkley). Mientras tanto, con mis nueve años casi cumplidos, disfrutaba en el sillón del NBA Live 97, ajeno a todo aquel movimiento que sólo un año más tarde ya me captibaba completamente.

Miami evitó el barrido en su primera final de conferencia, ganando un cuarto partido que de poco les serviría al fin y al cabo (4-1). Algo más tardaron los Jazz, en concreto un compromiso, en dejar a los Rockets fuera de su última gran carrera hacia el anillo, y de llevar a Salt Lake City a su primera final de la NBA. Stockton y Malone contra Pippen y Jordan (aunque podríamos dejarlo en solo Jordan). Sloan contra Jackson.

Primer partido, 84-82 en el marcador y Malone (el MVP) en la línea de tiros libres. Primero fuera; segundo fuera; tiempo muerto solicitado por Phil Jackson. Al momento de sonar el buzzer Jordan había sorprendido a su defensor, Russell, con un tiro en suspensión con retroceso que acabaría dentro. Los Bulls se llevaban el primero de los seis duelos.

Llegaría el quinto en el Delta Center con 2-2 en la eliminatoria. Jordan no estaba fino: fue incapaz de comer en la previa al quinto partido. Débil y con náuseas, Jordan pidió a Jackson que fragmentara sus minutos; se encontraba en pleno proceso de deshidratación. Sacó fuerzas de allí donde pudo, para acabar el partido con 38 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias, incluído un demoledor triple a falta de 25 segundos. "En algunos momentos estaba a punto de desmayarme, pero yo quería ganar" afirmó el mismo Jordan. "Yo estaba preocupado. No quería que estuviera demasiado tiempo sobre la cancha, pero él me afirmaba que podía seguir. Esta tarde, su esfuerzo ha sido algo impresionante" declaró Phil Jackson.

En el definitivo sexto, Steve Kerr sorprende a todos aquellos que ponían en duda su juego con un triple a falta de diez segundos que pone el 88-86 en el marcador. Tiempo muerto y balón para que lo jueguen los Jazz. Toni Kukoc lo toca levemente y, al ver que Pippen lo roba habilmente, empieza a correr. El croata no da tiempo a ningún jugador rival para que lo atrape y con un mate a dos manos cierra la victoria a favor de los de Chicago en el United Center.

Stern da el trofeo Larry O'brien en el campeonato número 50 de la NBA a los Bulls de Chicago y Jordan recibe su merecido premio de MVP de la final, entrando en el cuadro de honor que formaban ya el MVP: Karl Malone (Utah Jazz). Rookie: Allen Iverson (Philadelphia 76ers). Mejor defensor: Dikembe Mutombo (Atlanta Hawks). Mayor progresión: Isaac Austin (Miami Heat). Sexto hombre: John Starks (New York Knicks).

Por mi parte destacar de aquella temporada que un rookie (Iverson), fue el sexto mayor anotador del campeonato, que Malone y Barkley volvieron a sufrir grandes frustraciones en los Play-Off y que, para mí, fue el principio de un sueño que aún dura hoy en día.

Thursday, August 31, 2006

Eternos históricos en horas bajas

En la liga desde la temporada 49-50, los Nationals de Syracuse cayeron ante los Lakers en dos de sus cinco finales antes de ganar el ansiado anillo ante los Fort Wayne Pistons en el año 1955. Dolph Schayes era el lider de un vestuario por el que tambien pasaron de forma destacada Payl Seymour, George King, Johnny Kerr o el pionero, Earl Lloyd.

En 1955 llegó el premio, en la última final jugada en la era Syracuse. El traslado a Philadelphia se produjo en el año 1962, y el cambio de nombre, 76ers en honor al año de redacción de la carta magna, tambien fue immediato. Justo un año después llegó Wilt Chamberlain y, después de dos temporadas en la sombra por el dominio Celtic, llegó la hora de los Sixers. La de ganar por 4-1 a los Celtics en la final de conferencia y vencer a los Warriors de San Francisco en la final. A Chamberlain, Cunningham, Greer, Walker y el entrenador Hannum les había llegado la hora.

A tres finales más llegaría aquel equipo, liderado por Julius Erving. Los Trail Blazers y los Lakers por partida doble se las apañarían para alejar al Dr J de su sueño de anillo. Tuvo que llegar Moses de Houston para poner las cosas en su sitio y dar, en el año 1983, el tercer y último anillo a la franquicia. Para honor y gracia de, entre otros, su actual entrenador, Maurice Cheeks.

Un año justo después les llegó un bendecido número 5 del Draft que aprovecharon para traer a Charles Barkley, un bajito ala-pívot de impresionante rendimiento que, sin embargo, no pudo pasar de la final de conferencia con su equipo, y un tiempo después se marchó a Phoenix. Aún así, su 34 cuelga del techo del Wachovia Center.

Unos grises noventa llevaron al gran talento de Georgetown, Allen Iverson, a la principal ciudad del estado de Pennsylvania. Un jugador que ha demostrado su talento a lo largo de los diez años que lleva en la liga, ha creado moda entre los jovenes afro-americanos, ha ganado dos MVP's del partido de las estrellas, un MVP...pero ningún anillo.

Sólo el honor para el recuerdo, de ser el único equipo que derrotó a los invencibles Lakers de Shaq y Kobe en los Play-Offs del año 2001, en un gran primer partido. Su equipo no daba para más que eso, y aún gracias por lo que consiguieron.

Ni con otro jugón a su lado, Chris Webber, los 76ers levantan cabeza. Tendrá de llegar un Moses Malone al lado del jugador más mediático de la liga, para que no deba despedirse de la liga a lo Karl Malone o Charles Barkley.

Tuesday, July 18, 2006

Houston, ¿tenemos un problema?

Un amigo mío es de los Rockets. Se dejó seducir por la magia de Hakeem, el carisma de Drexler, y la lengua de Barkley. Su afición por el equipo nació en pleno dominio Bull, período en el cual la mayor alegría que tuvieron los aficionados de Houston fue una final de conferencia que saldaron con derrota frente a los Jazz.

La casualidad o el destino, quisieron que los Rockets de San Diego recalaran en Houston, ciudad donde está ubicado el centro espacial de la NASA, y lugar en el que se presenta muy adecuado el nombre. Leyendas como Tomjanovich, Moses, Ralph Sampson, Robert Horry (un tío que tiene 6 anillos con tres equipos, merece ser leyenda) y los más recientes Francis, Mobley, McGrady y Yao.

Dos anillos conseguidos gracias a las aptitudes de Michael Jordan por el béisbol, es todo lo que puede presumir esta franquicia que perdió dos finales contra los Celtics de Larry Bird. Sus víctimas fueron los Knicks, y los no más afortunados Magic de Orlando. O lo que es lo mismo: Ewing, Starks, Jackson, O’neal, Hardaway...todo para que Hakeem y un año más tarde Drexler pudieran ganar su preciado anillo. En su búsqueda llegó años más tarde el maldito Charles Barkley, que entró sin premio en el Hall of Fame.

Con Shane Battier llega un hombre de equipo a una plantilla que, por nombres, puede aspirar a todo. Mis dudas están en los banquillos, y en la respuesta de un McGrady que cada año veo más frustrado, más cansado.

Van a sudar en el oeste, y más en su división. Los Mavericks defienden el título de la conferencia y los Spurs quieren volver a reinar. Los Grizzlies han hecho una arriesgada apuesta de la que pueden salir muy beneficiados, y New Orleans parece haberse reforzado bien. Pueden verse en Play-Off fácilmente, pero los Rockets también son candidatos a la cola de su división.
No me cae bien Houston, aunque es mi favorito de los de Texas. Como este año tendrán dos titulares All-Star y el lujo de estar de vacaciones en abril.

Saturday, July 15, 2006

Jazz en la ciudad del lago salado

Turno hoy para los Uties, que siguiendo la línea marcada ayer, entran en el club de equipos que podrían cambiar el nombre. Y es que Jazz era un nombre apropiado para la franquicia en sus orígenes, New Orleans, pero que desde luego no tiene mucha relación con la ciudad de los mormones.

Allí estuve el año pasado, viendo infinidad de iglesias, caucásicos y mujeres con falda. Realmente no es la ciudad más interesante de América, pero para un fan de la NBA toda ciudad con equipo merece la pena. Así pues, mi templo sagrado por ver era el Delta, testimonio del cuál estaba la estatua de John Stockton. A lo mejor llegué demasiado pronto, y no pude ver la de Malone. Por cierto, que justo delante de la puerta principal está una calle dedicada al mejor base de la historia de la franquicia.

No me gusta mucho Utah (aclaración, el estado no está mal, lo que no gusta es la ciudad del lago salado) pero respeto mucho a la franquicia en sus orígenes. Fundada en 1974, tuvieron la suerte de fichar a Pistol Pete Maravich, anterior jugador de los Hawks. En cinco temporadas nunca llegaron a Play-Off, y la franquicia se fue al remoto estado de Utah, que no tenía equipo en ninguna de las grandes ligas.

Ya sin Maravich, Rest in Peace, en el equipo, la postemporada no llegó hasta la temporada 1983-84, con Mark Eaton, Darrell Griffith y Larry Nance, entrenados por Frank Layden. Y para sorpresa de todos, viéndolo veinte años después, podrían elegir a uno de los 50 mejores de la historia en aquel Draft, John Stockton. Volverían a Play-Off y aprovecharían su Draft del 85 para seleccionar a Karl Malone.

Esta pareja que un día se reunió accidentalmente, se convirtió durante casi veinte años, en una de las más poderosas de la liga, logrando ya con Sloan de entrenador, dos campeonatos de la Conferencia Oeste. Cayeron en las finales contra el mejor, un coloso que en las grandes citas, nadie ha podido dominar, ni estos dos futuros Hall of Fame.

Malone se fue a probar suerte en los Lakers, pero Stockton decidió retirarse fiel a su equipo de siempre; un año después, el primero hizo lo mismo como el segundo máximo anotador de la historia y el segundo, como mejor pasador y jugador que más balones ha robado. Esta es la historia de un amor imposible, una leyenda, que terminó sin anillo.

Ahora un ruso, un turco y un número tres del Draft son los líderes de un equipo, el de Salt Lake City, en el que mi ídolo Raúl López no encontró su sitio.
Y citando a Daimiel me despido: “El que fuera base de los Jazz hubiera sido lo mismo sin Malone. Hubiera encontrado otro cartero al que entregarle la correspondencia. Malone sin Stockton ocuparía mucho menos espacio en el NBA Register.