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Thursday, August 31, 2006

Eternos históricos en horas bajas

En la liga desde la temporada 49-50, los Nationals de Syracuse cayeron ante los Lakers en dos de sus cinco finales antes de ganar el ansiado anillo ante los Fort Wayne Pistons en el año 1955. Dolph Schayes era el lider de un vestuario por el que tambien pasaron de forma destacada Payl Seymour, George King, Johnny Kerr o el pionero, Earl Lloyd.

En 1955 llegó el premio, en la última final jugada en la era Syracuse. El traslado a Philadelphia se produjo en el año 1962, y el cambio de nombre, 76ers en honor al año de redacción de la carta magna, tambien fue immediato. Justo un año después llegó Wilt Chamberlain y, después de dos temporadas en la sombra por el dominio Celtic, llegó la hora de los Sixers. La de ganar por 4-1 a los Celtics en la final de conferencia y vencer a los Warriors de San Francisco en la final. A Chamberlain, Cunningham, Greer, Walker y el entrenador Hannum les había llegado la hora.

A tres finales más llegaría aquel equipo, liderado por Julius Erving. Los Trail Blazers y los Lakers por partida doble se las apañarían para alejar al Dr J de su sueño de anillo. Tuvo que llegar Moses de Houston para poner las cosas en su sitio y dar, en el año 1983, el tercer y último anillo a la franquicia. Para honor y gracia de, entre otros, su actual entrenador, Maurice Cheeks.

Un año justo después les llegó un bendecido número 5 del Draft que aprovecharon para traer a Charles Barkley, un bajito ala-pívot de impresionante rendimiento que, sin embargo, no pudo pasar de la final de conferencia con su equipo, y un tiempo después se marchó a Phoenix. Aún así, su 34 cuelga del techo del Wachovia Center.

Unos grises noventa llevaron al gran talento de Georgetown, Allen Iverson, a la principal ciudad del estado de Pennsylvania. Un jugador que ha demostrado su talento a lo largo de los diez años que lleva en la liga, ha creado moda entre los jovenes afro-americanos, ha ganado dos MVP's del partido de las estrellas, un MVP...pero ningún anillo.

Sólo el honor para el recuerdo, de ser el único equipo que derrotó a los invencibles Lakers de Shaq y Kobe en los Play-Offs del año 2001, en un gran primer partido. Su equipo no daba para más que eso, y aún gracias por lo que consiguieron.

Ni con otro jugón a su lado, Chris Webber, los 76ers levantan cabeza. Tendrá de llegar un Moses Malone al lado del jugador más mediático de la liga, para que no deba despedirse de la liga a lo Karl Malone o Charles Barkley.

Wednesday, August 09, 2006

La fiebre amarilla

A lo mejor no habrá lagos en California pero, ¿a quien le importa? Alguien prefiere Palm Trees a Lakers? Alguno de ustedes cambiaría el púrpura y el amarillo por cualquier otro color?

Si ahora la ciudad de los lagos es la más grande de California es gracias al equipo que comenzó su andadura con el primer gigante que el mundo del baloncesto profesional conoció: George Mikan. Con el 99 en su espalda, lideró a la laureada franquicia a cinco anillos en seis años en la década de los cincuenta. El equipo, por entonces en Minneapolis, se convirtió ya de buen principio en la más respetada de las franquicias en la liga profesional.

Con el cambio a la ciudad de los ángeles se omitió el amarillo por poco tiempo, pero el ansia de triunfo no cambió en absoluto. Hombres como Jerry West o Elgin Baylor lucharon contra corriente para lograr el sexto para la ya californiana franquicia. Un muro infranqueable en forma de trébol alargó la espera hasta el año 72, en el que un veterano Wilt Chamberlain acudió en su ayuda para poner las cosas en su sitio.

Más bien no fueron brillantes los setenta, y se llegó al año 1979 con un numero 1 del Draft que con gran acierto aprovecharon para traer a Earvin Johnson, de la universidad de Michigan State. El joven base de más de dos metros lideró en un épico sexto partido ante los 76ers al séptimo anillo, sin Kareem Abdul-Jabbar a su lado. Era tan sólo un rookie, pero logró que su actuación no fuera olvidada en el transcurso del tiempo.

Pat Riley y el Showtime dieron a los Lakers otros cuatro anillos. Podrían ser más, pero los mejores Celtics, Pistons y Bulls de la historia se encargaron de evitar el dominio más grande desde los años sesenta por parte de un solo equipo.

Catorce anillos en veintiocho finales. Los tres últimos logrados con el Three-Peat de O’neal, Bryant y Jackson. Blazers, Kings, Spurs, Pacers, 76ers, Nets...o lo que es lo mismo: Webber, Miller, Iverson, Kidd...jugadores que les deben a ellos tener las manos libres de anillo.

Allí iban veintisiete. En 2003 las peleas, lesiones y causas ajenas a la historia no lograron el cuarto del milenio, y décimo de Jackson. Llegamos al 2004: Payton y Malone como refuerzos de lujo, una plantilla incomparable a otra. Sobran las palabras, era la mejor de la historia...

Pasaron los Play-Offs. Después de ver caer a los Wolves me fui a Londres de viaje de fin de curso. Olvidada la pesadilla del primer partido, el triple de Bryant en el segundo puso las cosas en su sitio.

Había sido un espejismo, nada de aquello podía ocurrir de verdad. Última noche en Londres, tranquilo en mis presentimientos me conecto a internet. Aquello no había pasado; como en 2001, perder el primero y acabar 4-1. Este era el resultado, pero a favor de los Pistons. No veía a Kobe en la foto con el trofeo de MVP de las finales. Vestía de blanco y era Chauncey Billups,..

Muy decepcionado llegué a mi casa para ver el quinto grabado. Fue vergonzosó, y durante una época llegué a odiar a mi primer ídolo, Kobe Bryant y, sobretodo, a O’neal. Mis sentimientos en cuanto el primero han ido cambiando pero a Shaq sigo sin soportarlo.

Con mi ilusión nunca se había jugado, nunca un Chauncey había sido el mejor en una final y nunca un equipo de infravalorados había podido con los que, con toda la razón, se creían mejores que ellos. Nunca una final ganada desde el julio del 2003 se había regalado de tal forma.

El gigante ha ganado su cuarto anillo y el MVP 2006 ha entrado en la historia con sus 81 puntos y otros épicos logros. Pero la mediocridad de la plantilla no da para más que llegar a la postemporada y, una vez allí, ponerlo todo en las manos de Kobe.