Por aquel entonces, después de todo un verano adquiriendo revistas, siguiendo reportajes, buscando NBA en la prensa deportiva el mal ya estaba hecho: la liga me había atrapado. Dejé American Basket y busqué lo más especializado que encontré, o que me pareció: XXL Basketball, todo un clásico que no se porqué se dejó de publicar. A ver si uno de estos más veteranos lo sabeis, aún a día de hoy desconozco el motivo.
Aquel año fuí de viaje a París (Eurodisney), aunque no llegué a coincidir con aquellos Bulls que iban a jugar el clásico Open McDonald's ante el Olimpiakos. Previo a la final europea, en mi club se hizo una pequeña apuesta entre los tres equipos que entrenabamos a primera hora, y el perdedor debería pasar por un corredizo de collejas; cometí el error de apostar por el Barça de Aíto, y aquello me hizo recapacitar y hacerme de la Penya...
Dos cambios me llamaron la atención previo al comienzo de la temporada 97-98: por un lado el intercambio que ayer destacaba Juanejo entre Sonics, Cavs y Bucks, ilustrado en dos páginas enteras por mi revista, que mandó al hombre de la lluvia a Ohio, Terrell Brandon a la ciudad germana y Vin Baker a la lluviosa Seattle, con George Karl y Gary Payton. El otro destacable sería el cambio de propietario, nombre y logo por parte de los Washington Bullets, que pasarían a llamarse Wizards.
Previo a todo este barullo, había tenido lugar la ceremonia de un Draft con mucha menos calidad que la anterior, en términos generales. Sólo dos jugadores tuvieron impacto inmediato en la liga: Tim Duncan, que aquel año, el de rookie, ya sería elegido en el quinteto ideal de la liga, y Keith Van Horn, que haría una gran temporada en New Jersey, despertando una expectativas que nunca acabó de cumplir. Otros dos tuvieron que esperar a cambiar de equipo para triunfar, el segundo más que el primero: Tracy McGrady y Chauncey Billups. Por cierto, también Roberto Dueñas formó parte de este Draft y, de hecho, fue el que lo cerró con su elección por parte de los Bulls.
La temporada empezó con un destacable cambio en un banquillo; los Indiana Pacers ahora contaban con la leyendaria figura céltica, Larry Bird, como su técnico jefe. Qué lástima que sólo quisiera estar tres temporadas con el equipo...
En el este la temporada empezaba como los Bulls favoritos a todo, y algunos como Heat, Pacers, Knicks, Magic, Hornets, Hawks, Pistons o Cavaliers capacitados para darles caza. En el oeste, por su parte, destacaban por encima de todos los Utah Jazz, aunque algunos como Lakers, Rockets, Suns, Sonics y Spurs tenían calidad sobrante para ponerles en más de un aprieto. Jordan, Hill, Hardaway, Malone, O'neal...más de un candidato a un premio reservado para el más grande, el MVP.
Se llegó a un All-Star, el de New York, en el que destacaban dos importantes ausencias: el concurso de mates y Scottie Pippen. El partido fue el primer NBA que recuerdo haber visto entero, y en mi memoria sólo queda la emoción que me transmitió, convirtiendome en un fan de los All-Star Games. Fue un duelo entre mi jugador favorito por aquel entonces: Kobe Bryant, del que ya tenía mi primera camiseta con su número 8, y Michael Jordan. Kobe llegó cómo titular en el partido aún ser el sexto hombre de los Lakers, y suplente de un Eddie Jones que tambien estuvo presente. Junto a ellos estaba Nick "The Quick" Van Exel y Shaquille O'neal, consiguiendo los Lakers algo que han hecho muy pocos equipos: juntar cuatro jugadores en el partido de las estrellas.
Había debutantes de calidad, y jugadores que no volverían hasta años más tarde. Por parte del este destacaban el holandés Rik Smits, el pívot de New Jersey, muy trabajador, Jayson Williams, un Steve Smith que por fin llegaba al partido y Antoine Walker, jugador de segundo año que sorprendió a todos siendo el quinto mayor anotador de aquel campeonato. Aún así, Shareef y AI3 con números similares no fueron. Por cierto, un titular, Penny Hardaway, empezaba su larga carrera de lesiones y disputó solo 10 minutos de aquel encuentro.
Y en el oeste había tres que debutaban: Bryant, Van Exel y el rookie del año, Tim Duncan, que con números espectaculares se graduó para poder estar en el partido. Lo dicho, un duelo Kobe-Jordan resuelto a favor del más grande, con alguna perla dejada por el joven jugón Laker cómo el dribling a Mutombo con posterior gancho, una jugada que aún hoy me pone la piel de gallina.
La temporada transcurrió con toda normalidad: los Bulls cediendo en pocos partidos, aún la lesión de Scottie, Rod Strickland liderando la clasificación de asistencias, Sprewell estrangulando entrenadores...con estas se llegó al momento cumbre, los Play-Offs.
Los Bulls no cedieron un sólo partido en su compromiso ante los Nets, y esperaron rival de entre Hornets y Hawks, que acabaron siendo los de North Carolina después de ceder en un sólo partido (3-1). El mismo resultado tuvo Indiana ante los Cavaliers de Kemp, que como Penny jugó su último All-Star, y su rival fueron unos Knicks que resolvieron a su favor el segundo set ante los Heat (3-2), empatando 1-1 su respectivo partido de ténis que, como todos sabemos, acabó siempre en batalla campal.
San Antonio y Lakers fueron los únicos en el oeste que no tuvieron que llegar al quinto y decisivo encuentro. Suns y Blazers no pusieron más de un problema para que tejanos y angelinos pudieran esperar plácidamente su rival en segunda ronda. Mientras tanto, a los Jazz se le atregantaron más de la cuenta unos Rockets que gracias a quedar octavos, pues fue una temporada con muchos problemas (3-2), y mis Timberwolves ponían en aprietos a los Sonics de McMillan y Juanejo, aunque la tradición acabó pesando a la juventud de los Garnett, Marbury y Guggliotta (3-2).
La segunda ronda fue un paseo para todos los equipos (4-1), y Bulls, Pacers, Jazz y Lakers llegaban a sus respectivas finales de conferencia. Allí unos Jazz más hambrientos que nunca optaron por barrer a los cuatro fantásticos del mapa, y esperar rival en el este, que tardaría en llegar, pues los Pacers pusieron en grandes apuros a los Bulls de Jordan (3-3). Se llegó al séptimo en el que una buena actuación de Jordan y Kukoc hicieron justícia a la historia (88-83). Mientras tanto, Stern debía estar encerrado en el lavabo, calculando cuántas decenas de personas querrían ver un Indiana-Utah.
Malone y Stockton nunca lo habían tenido mejor que aquel año. Los Bulls habían demostrado que no eran invencibles, y ellos estaban frescos, mucho más descansados. Había llegado el momento de la pareja mormón, pero Jordan no pensaba ceder sin antes luchar.
Fue una final con momentos destacables, cómo el partido en que los Jazz batieron el récord negativo de anotación en una final (96-54) pero, por encima de todos, hay uno que todos nosotros recordaremos, o habremos visto alguna vez: el tiro.
No se puede definir de otra forma. El cambio, el rectificado, Byron Russell sentado y Jordan, elevandose ante el estupor de miles de aficionados de Salt Lake City y con todo el mundo pendiente de aquel momento. Por segunda vez en la temporada, tiemblo mientras asisto al momento, y se convierte este en otro de los que se imprimen con letras de oro en mi memoria. Eso es lo que quería la historia, guardar este como el último del más grande, y precisamente por esto Stockton falló aquel triple. El tiro, no hay mejor definición ante aquel mágico momento de la historia de la NBA, y de la mía propia. Visto aquello, quién podía dejar de jugar a baloncesto.
Era el segundo three-peat de los Bulls, seis anillos en ocho años, un dominio como no se recordaba en la liga.
Aquella temporada anoté 252 puntos más que la anterior (4), aunque lo calculaba yo y a lo mejor hay unos 20 más o menos de diferencia. Me encantaba la liga, me encantaban los Bulls y me fascinaba Kobe Bryant. Pero una nube oscura se acercaba: el megacontrato de Garnett, a razón de 126 millones de dólares por 6 años, que puso en pie de guerra a los propietarios y los jugadores. Era tiempo de lock-out, mientras el más grande jugador y su maestro Zen se retiraban sorprendidos con todo aquello.
Michael como MVP del All-Star, la temporada y la final entró en el cuadro de honor de la misma, junto al mejor Rookie (Tim Duncan), el mejor defensor (Alonzo Mourning), el mejor sexto hombre (Danny Manning, que pasó por encima del que más lo merecía, Kobe Bryant), el mejor entrenador (Larry Bird) y el jugador más mejorado (Alan Henderson).
Allí estaba yo, que por aquel entonces tomé una decisión: abandonar a los Bulls de Toni Kukoc, el único que quedaba, y pasarme a los Lakers de Kobe y los Wolves de Garnett.
